17 nov. 2013

(Por La Retaguardia) La justicia sobreseyó al acusado por los asesinatos de los jóvenes. Lo resolvió el juez Juan Ramos Padilla, luego de tomarle declaración por primera vez a Angélica Urquiza, mamá de Kiki, y al cabo Daniel Santiago Veyga, señalado como el autor de los disparos que acabaron con la vida de los adolescentes en julio de 2009. En su sentencia, el magistrado enumeró las irregularidades cometidas durante el inicio de la investigación que le impidieron contar con los elementos necesarios para imputar al efectivo y habla del "fracaso de la justicia". De todos modos, deja abierta la posibilidad a las querellas de presentar una apelación, medida que ya fue efectuada. Además, van a efectuar un reclamos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

“Estoy cansada con esto de la justicia, que a nadie le importe que te mataron a un hijo, que te condenaron a cadena perpetua, quizás todos se olviden pero yo no me voy a olvidar jamás que me falta mi hijo. Estoy medio cansada de que puedan creerle solamente a ellos. ¿Por qué? ¿Porque soy de Villa 20? ¿Porque mi hijo tuvo problemas con el paco? Quisiera salir, gritar que me mataron un hijo, que me duelen las entrañas, que me duele el alma cada día que me levanto, que le pongo fuerza, me paro y digo que tengo que salir porque tengo nietos, hijos, pero por dentro mío muero cada instante porque no me lo mataron ayer, es como si me lo hubieran matado cada día que no te atienden…”. Estas palabras de Angélica Urquiza, mamá de Kiki Lezcano, dichas en la mesa de debate “Los medios de comunicación y los derechos humanos de ayer y hoy”, realizada durante el 10ª Encuentro de la Comunicación Comunitaria, Alternativa y Popular, que organizó la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA) en octubre de este año, volvieron a tomar fuerza semanas después, luego de que el juez de la causa, Juan Ramos Padilla, resolviera dictar el sobreseimiento del efectivo Daniel Santiago Veyga, en el marco de lo que calificó el “fracaso de la justicia”: “una vez radicado el sumario ante este Tribunal se intentó reconstruir la pesquisa a efectos de poder determinar lo realmente ocurrido o la verdad real, no siendo ello posible (…). Conspiraron en tal sentido una primera investigación que se cerró en forma prematura y cuando el sumario recayó en esta sede las armas por su estado ya no servían para sus fines periciales y ni siquiera la ropa que vestían los damnificados se pudo contar para practicar las pericias del caso. (…) no encuentro forma de vincular los desaciertos cometidos con alguna clase de encubrimiento malicioso, corresponde que me atenga a los hechos en la forma en que se presentan y en estas condiciones, y frente al fracaso de la investigación no me queda otra alternativa”. Jonathan Kiki Lezcano de 17 años salió de su casa en Villa 20 del barrio de Lugano junto a su amigo Ezequiel Blanco de 25, el 8 de julio de 2009. Fue la última vez que se los vio. Durante más de dos meses sus familias y amigos los buscaron por todas partes, hasta que el 14 de septiembre recibieron un llamado del Juzgado 49, a cargo del juez Facundo Cubas. Debían acercarse a reconocer los cuerpos de los dos jóvenes, pero el magistrado que los había convocado era el mismo que semanas antes había autorizado el entierro de Kiki como NN en el Cementerio de la Chacarita. En tanto, la familia de Ezequiel Blanco encontró su cuerpo en la morgue antes de que siguiera el mismo destino que Lezcano. “Él (Cubas) hizo lo que a él le pareció, pero a nosotros nos pareció otra cosa. Kiki era un pibe de Villa 20, a nadie le importa, quizás vos, cualquiera que está escuchando se va a la casa y mañana se olvida, pero mamá, María Angélica Urquiza, se acuerda cada segundo lo que me hicieron, porque a mí tan solo no me sacaron algo que yo tuve en el vientre nueve meses, sino que me sacaron el derecho a decir que quiero que se sepa la verdad, el derecho de verlo por última vez aunque sea muy doloroso en un cajón, porque ellos dos semanas antes lo habían enterrado. El cuerpo de Kiki no estaba como para periciarlo, ni para ver el cajón abierto”, dijo Urquiza durante el 10º Encuentro de la RNMA. El efectivo de la División Conductas Delictivas en Espectáculos Deportivos de la Policía Federal de la Comisaría 12, Daniel Santiago Veyga, fue señalado como autor de los disparos. Como es habitual, el cabo se defendió argumentando que disparó a los jóvenes en defensa propia porque habían querido asaltarlo. El juez Cubas decidió obviar las pruebas que daban cuenta del fusilamiento de Ezequiel y Kiki y aceptó la versión policial, sobreseyó al imputado y cerró la causa. Pero poco después apareció un video filmado con un celular en el que se veía a Kiki Lezcano agonizando dentro de un auto mientras un grupo de policías se burlaban de él. “Por qué no te hacés el macho ahora, putito’ le decían, entre risas, los efectivos dejándolo morir en lugar de auxiliarlo. Además, en esos primeros meses se perdieron pruebas valiosas. En su reciente sentencia, Ramos Padilla afirmó que está acreditado en la causa que personal de otras dependencias de la Policía Federal se acercaron inmediatamente al lugar del hecho para recolectar las pruebas: “cuestiones de prudencia y sentido común ameritaban la rápida convocatoria de una fuerza de seguridad distinta, como bien podría haber sido la Gendarmería Nacional o la Prefectura Naval Argentina; pero nada de eso se hizo”, manifestó el magistrado. Además, criticó que dadas las circunstancias en que sucedieron los hechos, Veyga tendría que haber sido examinado en forma urgente para conocer su salud física y también mental. A su vez, remarcó la llamativa rapidez con la que se optó por “una solución liberatoria de carácter definitivo (auto de sobreseimiento), pese a la escasez de las diligencias probatorias practicadas”, del acusado. “No me gusta llorar tanto porque quiero explicar bien la situación, pero hoy estoy hablando a corazón abierto, que no voy a parar hasta que por lo menos Veyga vaya a juicio, y que este juez nuevo que tenemos hoy pueda hacer justicia. Me tengo que conformar en decir que por lo menos vaya a juicio, no que pague por la muerte de Ezequiel y de mi hijo, que por lo menos vaya, y también quiero poder conocer las caras de Veyga, el juez Cubas y los fiscales que intervinieron porque ni siquiera me los crucé”, afirmó entre lágrimas Angélica Urquiza durante su intervención en la mesa debate sobre Derechos Humanos del encuentro organizado por la RNMA. Efectivamente, el juez Facundo Cubas nunca recibió a las familias de Lezcano y Blanco. Gracias a la lucha y reclamo de los familiares y amigos de los jóvenes la causa fue reabierta en 2011. La Sala IV de la Cámara Nacional de Casación Penal revocó el sobreseimiento del imputado y apartó de la causa a Cubas y a los camaristas de la Sala VII de la Cámara Nacional Criminal y Correccional, que habían confirmado el fallo. El caso pasó entonces al magistrado Juan Ramos Padilla: “un juez muy parcial, que te escucha, que le da lugar a todo lo que presentas, y que por primera vez me va a tomar declaración, porque es muy importante para mí poder hablar con él y decirle todo esto”, dijo Urquiza sobre Ramos Padilla, quien le tomó declaración por primera vez el 15 de octubre pasado. Ramos Padilla también escuchó a Veyga, que recién fue pasado a disponibilidad hace poco tiempo por el Ministerio de Seguridad. Tras los asesinatos de Blanco y Lezcano, el policía había sido premiado y ascendido. Durante la indagatoria, Veyga volvió a declarar que actuó en defensa propia, y además se deslindó de lo sucedido luego con los cuerpos de los jóvenes. “En la declaración de él (Veyga) más de diez veces dice ‘yo tenía miedo que me maten’, y a mí me gustaría preguntarle ‘si vos tenías tanto miedo que te maten, por qué mataste, por qué si vos tenías que cumplir supuestamente con tu deber por qué no te lo llevaste detenido, por qué me dejaste con este dolor que es tan grande, lo único que me quedó es la foto de Kiki cuando tenía 17 años que se sacó una semana antes, y un cajón cerrado’”, había afirmado Urquiza. “Como juez no he podido dar respuesta a la madre de esta víctima sobre los motivos por los cuales no se hizo una correcta y oportuna identificación de las víctimas, sobre todo cuando existían dos causas paralelas y un Juez investigando por un lado y un Fiscal investigando por el otro, pero sin saber cada uno de ellos que es lo que hacía el colega”, afirmó el juez Ramos Padilla en su sentencia. Específicamente sobre este segundo sobreseimiento de Vieyga, el magistrado explicó: “salvo la superioridad numérica y el posicionamiento (de las armas) al que hice referencia, no tengo otros elementos de prueba para saber si existió un doble homicidio calificado, una legítima defensa, un exceso en la legítima defensa o si el imputado actuó correctamente en el cumplimiento de su deber y frente a la eventualidad de estar siendo agredido por dos personas armadas”. Sin embargo, en su escrito Ramos Padilla deja abierta la posibilidad de presentar una apelación a su resolución, una medida que las querellas ya llevaron adelante. “Todo se sostiene por una red infalible. Los tranzas lanzan el mortífero paco, protegidos por la policía, que se vale de la adicción de los y las jóvenes pobres en función de obligarlos a delinquir para su propio beneficio. Les dan armas y les aseguran la salida rápida de la comisaría. Si se niegan, si hacen las cosas mal, si buscan recuperarse de su adicción (como hizo Kiki), estos pibes se convierten en víctimas”, decían desde la Agrupación Kiki Lezcano en un comunicado difundido el julio pasado al cumplirse cuatro años de los asesinatos de Kiki y Ezequiel. En el mismo sentido, Angélica Urquiza afirmó durante el 10º Encuentro de la RNMA: “sabés quién tiene custodia en Villa 20 y a quién lo vigilan cuando van a la mañana a hacer sus negocios, porque no va a laburar como yo, vos, a las cuatro de la mañana: la Gendarmería. ¿Quién le dice a los pibes ‘che, traeme una bolsita, sino te cago a palos’?: la Gendarmería. Todo eso están haciendo con los chicos en mi barrio, y cómo hacemos, si llamamos a los medios para que vengan pero no vienen, cuando decís que haces un corte porque mataron a un chico del barrio no aparece ni uno”. En las conclusiones finales de su sentencia, el juez Juan Ramos Padilla hace un señalamiento similar al de Angélica Urquiza y la Agrupación Kiki Lezcano: “no rige lamentablemente, lo vemos a diario, la garantía de la igualdad ante la justicia, por cierto si Lezcano y Blanco hubieran pertenecido a un sector social con mayores recursos, todas estas situaciones, apuros por un lado, demoras, olvidos, contradicciones, por otro, no hubieran ocurrido, y tal vez, nos hubiéramos podido aproximar a alguna clase de verdad que permitiera que quienes intervenimos en esta causa dar alguna suerte de explicación frente al cúmulo de desaciertos de todo el sistema”.

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