3 may. 2015

Lara, (arriba a la der.) acompañando a
las mujeres de AMADH
(Foto: Archivo LR)
(Por La Retaguardia) En torno a la prostitución gira un debate central: están quienes consideran que es un trabajo y por lo tanto luchan por la reglamentación para acceder luego a derechos como cualquier otro trabajador; por otro lado están quienes creen que la prostitución no es un trabajo, y que debe transitarse el camino hacia su abolición. En este último grupo se encuentra la Asociación de Mujeres por los Derechos Humanos (AMADH). Allí colabora María Eugenia Lara. La Retaguardia dialogó con ella acerca de los avances de la postura reglamentarista (con proyectos en diversas legislaturas) y los argumentos del abolicionismo.

“Evidentemente en este último tiempo ha avanzado muchísimo el reglamentarismo como una posible alternativa para las mujeres en prostitución”, afirmó María Eugenia Lara en relación a los distintos proyectos de reglamentación de la prostitución presentados en legislaturas provinciales, entre ellas la porteña.
Ante esta situación, la Asociación de Mujeres por los Derechos Humanos (AMADH), con la que Lara colabora, dio cuenta de su posición. Entre otros puntos, manifestó que la solución concreta al sometimiento y persecución permanente contra las mujeres que ejercen la prostitución es la implementación de políticas públicas que les permitan acceder a los derechos humanos fundamentales y que brinden opciones para poder elegir: “esto es lo que propone el Abolicionismo y no prohibir el ejercicio de la prostitución, como algunos sectores quieren instalar. Desde la perspectiva abolicionista se sostiene que la prostitución no es un delito, sí lo es la explotación de la prostitución ajena (…) Tanto el proyecto de ley de reglamentación presentado a nivel nacional como el proyecto recientemente presentado en la Legislatura porteña para habilitar establecimientos donde se brindan servicios sexuales, desconocen los tratados internacionales ratificados por nuestro país a través de los cuales Argentina se reconoce como un país abolicionista. Aquí no se avanza en función de las necesidades y urgencias de las mujeres, sino de los intereses de quienes quieren mantener, por diferentes motivos, a las mujeres en el sistema de la prostitución. ¿Por qué no trabajan Sres. y Sras. Legisladores/as para terminar con los artículos de faltas y los códigos contravencionales que son la principal herramienta que se utiliza para ordenar y castigar a quienes ejercen la prostitución?”, explicaron desde AMADH a través del documento que presentaron en la Legislatura porteña.

“El sistema prostituyente es violento”

“Yo soy abolicionista, trabajé durante muchos años con las compañeras de AMADH, sigo vinculada con ellas, y entiendo y conozco todos los esfuerzos que hacen permanentemente para que el abolicionismo sea visibilizado, justamente por este avance tan fuerte que tiene el reglamentarismo, alternativa que no sería necesaria en un país que es abolicionista constitucionalmente, que ha firmado muchos acuerdos que avalan esa postura abolicionista. Está en la Constitución de 1949 y en diversos tratados internacionales que reafirman esta postura abolicionista de Argentina, estar en situación de prostitución no es delito, el delito es lucrar con la prostitución ajena, el tema es que los códigos contravencionales criminalizan a las mujeres en situación de prostitución, las persiguen, las encarcelan y esto es lo que hace quizás ver a la reglamentación como una forma de protección a las mujeres en situación de prostitución, lo cual en realidad haría que el proxeneta pasara a ser un empresario y el prostituyente pasara a ser un cliente, posiciones que para nada –desde nuestro punto de vista– garantizan una situación de mejoría para las mujeres que están paradas en una esquina”, aseveró María Eugenia Lara en diálogo con La Retaguardia. 
Al ser consultada sobre por qué la reglamentación no redundaría en mejoras para las personas que tienen que ejercer la prostitución, Lara aseveró: “la prostitución es una situación que está generalizada en mujeres o en personas que están en una situación de extrema vulnerabilidad; ninguna, y digo ninguna porque es la experiencia y el trabajo que nosotras venimos registrando, de las mujeres que está en situación de calle, de prostitución, en las esquinas, llegó a ese lugar de manera voluntaria. Esta fantasía que es ‘yo lo elegí’ o ‘es una alternativa’, realmente no es lo que transmiten las compañeras que están en Constitución, en Flores, en Once, las mujeres que están en las rutas en las provincias, o en los pueblos en burdeles, en mal llamadas whiskerías o casas de juego, esa es la realidad que nosotras recogemos, que nosotras conocemos; la prostitución es una situación de violencia, el sistema prostituyente es un sistema violento”, explicó.
Uno de los argumentos del sector reglamentarista señala que el hecho de poder pensarse como trabajadora sexual implica ya un nivel de empoderamiento para la mujer que ejerce la prostitución. Al respecto, Lara aclaró: “las mismas mujeres de AMADH cuando empezaron a sentir que tenían una posibilidad de ser reconocidas como personas creyeron también que ser denominadas trabajadoras podía llegar a ser una alternativa de bienestar, pero rápidamente se dieron cuenta de que no, de que no les garantizaba ningún tipo de beneficios ni de bienestar porque el estigma seguía estando, el maltrato también, y la posibilidad de hacer un acuerdo con el prostituyente entre 4 paredes a puerta cerrada no garantizaba una igualdad de relación ya que uno era el que pagaba, y ese pago se considera que es para uso y abuso de las mujeres que están en esa situación, y la verdadera enemiga de las mujeres que están en esa situación es realmente la policía que las persigue, las maltrata, las condiciona, las estafa, en el sentido de cobrarles incluso parte de su trabajo también. Sabemos que hay una connivencia muy grande entre la prostitución y en la trata de personas, que es un negocio que mueve mucha plata, sabemos que esto no podría ser de esta manera si no hubiera un poder político, judicial, y de fuerzas de seguridad implicados, que muchas veces las mujeres que son rescatadas de los prostíbulos no se animan a declarar porque los mismos clientes son o prostituyentes o las personas que están en lugares de poder. Es una situación muy compleja, de máxima violencia y eso es lo que nosotras estamos intentamos que se reflexione, la posibilidad de hablar realmente de una sexualidad que no es libre cuando hay un valor de por medio y en donde no hay igualdad, donde lo que se está en juego es el cuerpo de una mujer como mercancía”.
Hacia el final de la entrevista con La Retaguardia, María Eugenia Lara, feminista y colaboradora con AMADH, aclaró: “hay una situación complicada que es pensar que si somos abolicionistas estamos en contra de que se denominen trabajadoras sexuales, y acá la verdad es que habría que quitar del lugar eso de a favor o en contra a las mujeres; es la situación del sistema prostituyente lo que habría que poner en debate y sacar esta mirada que puede llegar a ser casi romántica de lo que puede ser la mujer empoderada en una situación de prostitución”.
De todos los proyectos de ley presentados para reglamentar la prostitución, el de la Ciudad de Buenos Aires parecería ser el que cuenta con más apoyo, es por eso que de manera casi semanal las integrantes de la Asociación de Mujeres por los Derechos Humanos se movilizan hacia la puerta del Parlamento porteño para visibilizar su postura y hacerla llegar a los legisladores de los distintos bloques.
Desde La Retaguardia entendemos que todas las formas de explotación sexual son violaciones a los derecho humanos. No podemos considerar a la prostitución un trabajo, sino el resultado de situación de vulnerabilidad. Para muestra, debería alcanzar el siguiente ejemplo: El Centro de Trabajo e Ingresos de Holanda (CWI), encargado de emitir las ofertas laborales para gente que está desocupada, tiene esas ofertas automatizadas. En algunos países de Europa, al hacer uso del seguro de desempleo, estás obligado a aceptar el primer trabajo que se presente. Como la prostitución está legalizada, una mujer debía aceptar ese trabajo; sin embargo no solo se negó, sino que se quejó ante el CWI, que tuvo que admitir que fue un "accidente" esa oferta. Algo similar ocurrió en Alemania. Si la prostitución es un trabajo como cualquier otro, ¿por qué no habrían de aceptarlo?

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