19 may. 2016


“Lucía” es una mujer que denunció haber sufrido abuso sexual por parte de un suboficial de la Armada en Tierra del Fuego. Tras años de sufrimiento y amenazas de perder su trabajo y la vivienda, se animó a hacer pública su historia. En la última emisión de La Retaguardia, Fernando Tebele y María Eugenia Otero dialogaron con ella. La joven dio un tan angustiado como valiente testimonio de sus vivencia, miedos y esperanzas. (Por La Retaguardia)

Foto: vista de la base naval donde la víctima y el victimario trabajaban (cronicas fueguinas.blogspot)

El testimonio

Lucía es el nombre que utilizamos para esta entrevista para preservar la identidad de la protagonista de esta historia: una mujer que denuncia haber sido víctima de abuso sexual como integrante de la Armada y acusa a un suboficial principal de esa fuerza.
“Yo trabajaba en la Armada desde 2011, y en 2013 llega a Ushuaia desde otro destino el suboficial principal al que yo denuncio. Desde el principio fue como gentil por demás y al transcurrir el tiempo, los meses, comenzó con un acoso sexual, con propuestas de carácter sexual. Me decía que si yo estaba con él iba a mejorar mi situación económica, iba a poder laboralmente dentro de la fuerza; yo nunca acepté sus propuestas”, inició su relato Lucía en diálogo con La Retaguardia.
“Una noche –continuó– me llama para decirme que necesitaba unas llaves que se habían perdido de la Base Naval. Fue aproximadamente a las 10 de la noche, un horario en el que yo ya no trabajaba, pero me dice que tenía que ir porque tenía que estar disponible para la Armada las 24 horas del día. Me pasó a buscar y fuimos a la Base Naval pero en el camino me dice que justo mira el celular y que le llegó un mensaje que ya habían aparecido las llaves y que podríamos ir a pasarla bien, estar juntos en Playa Larga, que es un lugar descampado en Ushuaia. Le digo que no, que no quería ir para ahí, que no me insistiera, después le dije que me dejara ahí adónde estaba o que me lleve nuevamente a mi casa. Este hombre accedió pero continuó con este acoso interminable. Durante las vacaciones de invierno que tenemos en la Armada, la primera y segunda quincena de julio, este hombre no me dejó salir en ninguna de las dos y andaba constantemente detrás de mí. Yo estaba trabajando sola en ese lapso vacacional y en un momento dado me dice que andaba buscando unos elementos de trabajo, a lo que le respondí que no tenía conocimiento de dónde estaban, que no estaban mis compañeros y que yo no sabía dónde los guardaban ellos; entonces me pide que le abra una oficina que teníamos para guardar elementos, la abro y me dice que pase y me fije si estaban adentro, pero cuando paso este hombre cierra la puerta, me agarra fuerte de los brazos y me dice que lo bese, que lo tenía loco porque no quería estar con él, me comenzó a manosear, a tocar los senos, partes del cuerpo... eso generó que me creara moretones por tanta fuerza que hice. En un momento, empecé a luchar contra él y pude salir de ese lugar, me encerré en un baño a llorar de la impotencia. No había nadie para pedirle ayuda porque como estábamos en período vacacional la mayoría del personal estaba de vacaciones, estaba únicamente el personal mínimo pero todos siempre cubriendo sus puestos de trabajo, sus guardias. Después fui y le avisé al jefe que se encontraba en ese momento, un teniente, le pedí ayuda, le conté lo que había sucedido y que ya venía sucediendo con acosos pero que esta vez ya fue un ataque por parte de este hombre. Él me dice que yo era marinera y que él era suboficial, y que me fije lo que iba a hacer, que recordara que yo dependía de la obra social de la Armada, que la Armada me proveía un sueldo, una casa, que yo era derivada constantemente al Hospital Garrahan por una cuestión de salud de mi hijo, y tuve que decidir entre denunciar o la salud de mi hijo. En ese momento estaba muy limitada a hacerlo sola, sostener mi familia, y me tuve que callar”, contó Lucía en un relato desgarrado.
A partir de ese momento, el suboficial comenzó a hostigar a Lucía acusándola de que lo había perjudicado ante los superiores: “empezó entonces con una persecución laboral interminable y me decía que iba a continuar hasta que me vaya por mis propios medios o si no él me iba a hacer echar. Yo continué trabajando, pero él me hace echar en 2014. Me dan de baja argumentando que había llegado a la edad límite, que como marinero era de 28 años, pero en ese entonces yo tenía 26 años”, contó Lucía.

La lucha

“Después de salir de la fuerza pedí un recurso de amparo a la Defensoría en el Juzgado provincial, que hizo lugar a mi recurso, y me reincorporaron el 18 de agosto de 2015”, explicó Lucía. Sin embargo, en esa presentación aún no había denunciado lo que realmente había sucedido: “necesitaba volver a trabajar, que mi hijo tenga nuevamente una obra social. A las personas que me atendieron en el juzgado les comenté toda la situación pero lo que yo quería era volver a trabajar, entonces ellos hicieron una petición a la Armada a la que le dieron lugar”, aclaró la joven, casi sin dejar de llorar.
Lucía recuperó su trabajo pero la fuerza la envió al mismo lugar donde había sufrido el acoso y el abuso: “se sabía lo que había pasado con esta persona, era de conocimiento de todo el personal superior de la Armada, así que volví a trabajar y este hombre volvió con los acosos. En un momento me dice ‘¿vas a estar conmigo o te vas a hacer la difícil como antes?, porque las difíciles como vos me excitan más’; además me dijo que si yo no estaba con él me iba a hacer echar nuevamente. Les decía a mis compañeros de trabajo que me hostigaran, que me molestaran constantemente, y mis compañeros no entendían por qué tanta saña conmigo; me decían que trabaje tranquila, que no me preocupara. Mi horario de trabajo era de 7 de la mañana a 3 de la tarde, pero este hombre había dado la orden de que no me dejen desayunar, ni almorzar, que no consumiera nada adentro del lugar de trabajo, porque yo era personal civil. Después de todo eso voy a hablar con un jefe que se encontraba en ese momento de manera provisoria. Le conté lo que me estaba pasando, que ya no aguantaba más y después fui a hacer la denuncia en la fiscalía del juzgado provincial”.
A diferencia de situaciones anteriores, este jefe provisional sí escuchó a Lucía, la contuvo, le dijo que se quedara tranquila ya que él iba a interceder: “la verdad que tuvo una buena actitud, más humana. Después me dirijo al juzgado a hacer la denuncia y a los 5 días aproximadamente me trasladan de lugar y ya no sigo a cargo de ese hombre. Me empezaron a hacer lo que anteriormente hacía este hombre, me ponían horarios de trabajo que realmente me dificultaban poder estudiar, seguir con mis actividades. Cuando la Armada toma conocimiento de mi denuncia comienzan a solicitarme que la retire, que diga que me equivoqué y que esas cosas no habían pasado, que retirara todos los cargos en contra de ese hombre porque no querían que la Armada tuviera problemas de esa índole, que si yo quería este hombre iba y me pedía disculpas o lo mandaban de pase a cualquier lado, pero yo no accedí”.
A la semana de esta negativa, Lucía recibió una notificación en la que le informaban que le rescindían el contrato laboral y que la desalojaban de la casa en la que vivía: “me dejan por segunda vez sin trabajo, esto en noviembre, diciembre de 2015”.

La valentía

Además de denunciar penalmente al suboficial, Lucía hizo una presentación en la Dirección de Políticas de Género del Ministerio de Defensa, desde donde se enviaron pedidos a la Armada para que no tomaran represalias en su contra. Sin embargo, el 31 de diciembre de 2015 Lucía se quedó sin trabajo, ni obra social: “ante esa situación empecé a pedir ayuda, llamaba constantemente al Ministerio, e incluso me comuniqué con un secretario privado del ministro Julio Martínez, de nombre Germán, que me escuchó y comenzó a mover el expediente que yo tenía dentro del Ministerio. Me dijo que incluso le comentó mi caso al propio ministro. Lo concreto es que el 10 de marzo me reincorporaron a la fuerza, pero antes el 3 de marzo me había llegado una orden de desalojo del juzgado federal, me decían que tenía que irme del domicilio donde estaba en el lapso de 7 días, pero no tenía dónde ir, no tenía dinero, nada, con mi hijo nos quedábamos en la calle. Me dirigí a la Defensoría Federal que elevó un recurso de amparo al juzgado federal porque tengo un hijo menor, luego llamo nuevamente al Ministerio y les digo que me había llegado esta orden, y la licenciada Emilse Bartoli de la Dirección de Política de Género llamó a la Base Naval de Ushuaia y por orden de sus superiores ordenó que no se realice el desalojo; la Armada acató la orden y pude quedarme en el domicilio”.
“El mismo día que me llaman para reincorporarme –continuó Lucía–, el personal civil de la Base me dice que espere en un pasillo para firmar el contrato; en ese momento este hombre iba a entrar a una oficina, y cuando me ve, se da vuelta hacia mí, me mira, hace gesticulaciones con la cara y se muerde los labios, después de eso me agarra un ataque de nervios y voy al médico. Me dieron días de licencia médica, me llamaron del hospital, junta médica, me dieron 2 meses de licencia por ataques de pánico, crisis de nervios, ansiedad generalizada, esto me genera muchas complicaciones en mi salud física y psicológica. Después de ese momento no volví más a la Armada, y tampoco quisiera cruzarme con este hombre. Desafortunadamente la Armada y la justicia no han actuado como corresponde”, dijo Lucía con toda su necesidad de poner en palabras los años de angustia contenida

El abogado

La Retaguardia también dialogó con Jorge Hernández, el abogado de Lucía, quien explicó que la denuncia que la joven efectuó en 2015 quedó en estado de reserva: “primero fue por inacción de una de las partes que participaba en el expediente de la causa y luego por falta de algunos elementos, pero lo que nosotros hicimos en este momento fue que esta causa salga de reserva porque tenemos nuevos elementos para aportar. Ella está ahora con licencia psicológica a partir de lo que está sucediendo y la causa está vigente. El denunciado no se encuentra trabajando, no está prestando servicio en este momento, desconocemos el motivo, no sabemos si lo han cambiado de lugar, si ha terminado su servicio para la Armada; igualmente dentro del expediente eso lo vamos a trabajar porque acá lo que faltó fue un trabajo con algunos elementos de convicción, testigos, etcétera, ahora los tenemos para aportar, e incluso tenemos gente que vivió con anterioridad lo que está viviendo ella pero que tomó la decisión de renunciar. Hay que remarcar que hay una presión constante por parte de la institución contra personas que denuncian algo que sucede dentro. El que se anima a denunciar algo después sufre la presión de la Armada, presiones de todo tipo: la vivienda, el trabajo; a Lucía llegaron a decirle si no era que estaba yendo muy insinuante al trabajo, o le dijeron que tuviera cuidado porque era un superior. Eso ya no es solo una locura sino que configura un delito, entonces hay que tener en cuenta estas cosas cuando suceden en una institución tan fuerte y poderosa, pero lo bueno es que como en toda cuestión de violencia de género la participación, la presión y el acompañamiento que pueden ejercer los medios es muy importante. Genera varias cosas: reactiva causas, moviliza a los sectores de poder y ayuda a que se aceleren los tiempos, esto no quita que en mi ciudad, en mi provincia, el trabajo de los juzgados de instrucción en ciertas cuestiones de violencia de género sean implacables, solo que en esta causa en particular pasó a reserva y nosotros estamos tratando de levantarla en base a nuevos elementos que vamos a aportar”.
Lucía sabe que su denuncia ayuda a otras mujeres que han sufrido –y sufren– las mismas vivencias y violencias dentro de la fuerza, aunque todavía está en la instancia de desagotar su propia angustia. En ese sentido, su letrado Hernández llamó a aquellas personas que se encuentran en esa misma situación a que se animen a denunciar: "hay estudios (de abogados) que hoy se dedican al tema de violencia de género, que las van a acompañar; poco a poco el concepto de violencia de género y la lucha contra la violencia de género crece día a día, se hace más fuerte y cada mujer que denuncia aporta un granito de arena a esta lucha”.
Lucía, más que un granito de arena, parece haber descargado de sus espaldas una bolsa entera que le pesaba demasiado.

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