5 abr. 2017


Lo dijo Marina Destéfani, la hija de Silvia Suppo. El 29 de marzo se cumplieron 7 años del asesinato del asesinato de su asesinato. Ex detenida-desaparecida durante la última dictadura y testigo y querellante en el juicio en el que se condenó por primera en el país a un ex juez federal (Víctor Brusa) por delitos de lesa humanidad. Marina Destéfani, en charla con el programa radial Oral Y Público, se refirió al reclamo de justicia y esclarecimiento que aún mantienen no solo para que sean juzgados los verdaderos autores intelectuales y materiales del crimen, sino también para que el hecho no se tome como un caso de inseguridad sino que se lo vincule con su testimonio y lucha como víctima del Terrorismo de Estado. (Por La Retaguardia)

A 7 años del asesinato de su mamá, o de Silvia como ella la nombra, Marina Destéfani aseguró tener “muchas sensaciones encontradas”. Sostuvo que “por un lado es el cansancio ya de 7 años y una justicia que no llega, y la ausencia que pesa, que sigue pesando como el primer día; y por otro la alegría de estar acompañados, de no sentirnos solos como hijos, como agrupación, y la energía de saber qué le pasó y que ese sea el motor de la búsqueda de justicia, y honrar su memoria lo mejor posible, ella hubiera querido que no bajemos los brazos”.
En diálogo con Oral y Público, Destéfani aseguró que nunca dudó del motivo del asesinato: “estoy convencida de que está vinculado a su testimonio porque además eso arrojan las pocas pruebas que hemos podido obtener y conservar, primero por la cercanía de la fecha de su muerte y su testimonio con la condena en la causa Brusa que fue en diciembre del año 2009. A ella la matan tres meses después de la sentencia que es histórica en la provincia porque se condenó por primera vez en el país a un ex juez federal. Tres meses después aparece muerta, 5 días después del histórico 24 de marzo, de 9 puñaladas, y lo que arrojan los resultados de los forenses es que no fue un asesinato de un improvisado sino que hay casi un entrenamiento militar en las heridas. No quiero ser morbosa con los detalles pero me parece que se deben dar a conocer precisamente para que la gente entienda lo que nosotros venimos planteando desde un principio, son todas heridas que afectan las venas principales del cuerpo, incluso hay que saber de anatomía humana para practicar alguna de esas heridas que son las que después terminan en la muerte de ella. No se trata de un improvisado o de alguien fuera de control, sino que era alguien que sabía lo que hacía y que solamente entró a matarla y que también tuvo ayuda para poder salir porque nadie lo vio, no dejó rastros, tuvo ayuda antes, durante y después. Nosotros creemos que se trata de un grupo de cómplices o por lo menos de una red de más de una persona”.
Suppo fue secuestrada durante el Terrorismo de Estado y sobrevivió al centro clandestino de la Guardia de Infantería Reforzada, conocido como La Casita, y a la Comisaría 4ª de Santa Fe. Su testimonio fue clave durante el juicio que se realizó en Santa Fe en el año 2009 y en el que resultaron condenados el ex juez federal Víctor Brusa a 21 años de cárcel efectiva, convirtiéndose en el primer magistrado en recibir una pena por delitos de lesa humanidad; el ex comisario retirado Héctor Colombini a 23 años; los policías Eduardo Ramos a 23, y Juan Calixto Perizzotti a 22; el ex comisario Mario Facino a 20; y la ex carcelera María Eva Aebi a 19 años. Cinco meses después de la sentencia, Silvia Suppo fue asesinada en el local de artesanías que atendía de la ciudad santafesina de Rafaela.

No fue un robo

Para Destéfani, la versión de la muerte en ocasión de robo fue armada, “completamente digitada mediáticamente”. Y argumentó: “primero porque se trataba de una persona del interior del país, en una ciudad pequeña –explicó–, segundo porque era mujer, me parece que no es ajeno a su situación de mujer militante que hayan intentado minimizar eso o invisibilizar eso. Me parece que fue digitado por los medios, incluso en nuestra ciudad como venimos denunciando las irregularidades cometidas por la policía, la justicia, también denunciamos a ciertos medios de comunicación que construyeron un relato lejos de las pruebas y de lo que arrojaba el expediente, avalando las versiones de la policía que son muy cuestionadas y tratando de deslegitimar la figura de Silvia como testigo, tratando de deslegitimarnos a nosotros como hijos en nuestro pedido de justicia o de esclarecimiento. Creo que fue muy intencional esto porque también eso implicaba un costo político para ciertos sectores tener un nuevo Julio López si se quiere en la provincia”.
En este sentido, tanto Marina, como su hermano Andrés, debieron deconstruir la versión “policial” también para algunos sectores del campo popular. “Fue y sigue siendo una lucha por el sentido”, aseguró Marina en este sentido y agregó: “es muy difícil explicar sobre todo en una ciudad como Rafaela en donde no hay memoria reciente, o recién se está descubriendo porque el asesinato de Silvia pone sobre la mesa o sobre la agenda el hecho de que en Rafaela sí pasaron cosas, sí hubo muertos y desaparecidos durante la última dictadura cívico militar, que sí hubo cómplices civiles y policiales que nunca fueron juzgados, ni condenados y vivieron con total impunidad incluso ocupando cargos públicos, entonces implicó para la ciudad hacer toda una autocrítica y una rememoria mucho más allá de lo que fue el asesinato de Silvia. Una lucha del sentido muy amplia y además porque se intentó que la hipótesis policial prevaleciera porque convenía a todo el mundo ya que no se removía el pasado, ni tampoco el presente porque pensar que dos lavacoches la mataron cerraba mucho más para el perfil de seguridad y de criminalización de ciertos sectores sociales como son los pibes que lavan autos en la ciudad, que están muy criminalizados y muy asociados al delito por ciertos sectores, entonces le convenía a todo el mundo, cerraba por todos lados que esto quedara como un crimen común, favorecía a la policía que lo había resuelto, con todos los cuestionamientos que tiene esta fuerza, y favorecía también para no remover el pasado reciente”.
A 7 años del asesinato de su mamá, 7 años de impunidad, desde Oral y Público se le preguntó a Marina Destéfani qué es la esperanza para ella: “creo que es una decisión de vida, es una elección y es colectiva, es algo que se va construyendo día a día. La esperanza es mi hija, es la memoria, es poder levantarse todos los días, creo que es lo que nos mantiene vivos, estar con otro pensando que un mundo diferente es posible, donde algún día nos van a tener que rendir cuentas a nosotros y a todos a los que nos sacaron a Silvia”, respondió.

DESCARGAR

0 comentarios:

Publicar un comentario