2 ago. 2017



Es la condición que asumen miles de mujeres cuando, con apoyo y acompañamiento de profesionales y especialistas, logran revertir años de sometimiento sistemático que las lleva a la culpabilización y revictimización. Esta es la historia de Ana en boca de la periodista María José Corvalán, de San Luis, en comunicación con Radio La Retaguardia. El relato de superviviencia y empoderamiento fue expuesto el martes en el programa Ni Putas Ni Sumisas, de Alika Kinan. Además de la transformación de Ana, luego de asumirse como víctima de trata, decidir denunciar y conseguir un trabajo, hay una extrema vulnerabilidad habitacional, educativa, estructural a la que ella y sus hijos son sometidos por un deliberado accionar del Estado que, habiendo sido golpeadas decenas de sus puertas, optó por abandonarla. Actualmente hay disponible un número de CBU para recibir donaciones para que Ana pueda refaccionar su casa, que se encuentra en condiciones de precariedad extremas: 0270101720017831640011. El número de cuenta es 00178364001101021. (Por La Retaguardia)

"La conocí a Ana hace como dos años por una situación de vulnerabilidad. Ella fue a la radio donde yo trabajo, Radio del Plata, a ver si alguien podía ayudarla con materiales, con chapa, con nylon, porque se le había caído el techo. Entonces empezó esto de hacernos amigas y estrechar redes para salir a buscar ayuda al ministerio de Desarrollo Social, a la municipalidad, a las fundaciones, a los políticos, recorrer oficinas y golpear puertas. Mientras esperábamos, empezamos a hablar de otras cosas, por ejemplo", expresó y a continuación recordó un diálogo:
-Los chicos, ¿van al colegio a la mañana o a la tarde?
-No van
-¿Por qué no van?
-Porque no tienen zapatillas
-Bueno, les conseguimos
-Igual no me los inscriben
-¿Por qué?
-Porque no tienen documento
-¿Cómo que no tienen documento?
-No, porque no tienen partida porque nacieron en unos hospitales de los que me sacaban y me volvían a una casa a trabajar.
"Pasa mucho tiempo, pasan meses. En una situación cualquiera, recuerda algo que pasaba en esa casa, o que la golpeaban. Pero son momentos. Es un proceso muy fuerte hasta que ella puede empezar a contar lo que le había pasado. Ella estaba viviendo en un hogar donde era víctima de violencia y abuso sexual y tenía un padrastro abusador, una madre violenta. Ella huía a una placita. En esta placita hay una locomotora y los chicos se juntan a fumar y a pegar Poxi, está en la zona roja de la ciudad de San Luis. En ese lugar se presentaba siempre una mujer que le llevaba comida y de ahí la chuparon. Le ofrecieron un trabajo en Buenos Aires", relató Corvalán. "Esta chica no iba a la escuela, pensaba que Buenos Aires era un barrio. En ese momento tenía 12 años. La llevaron en un auto medio destartalado por unas cuadras, la avenida de la zona roja desemboca en una ruta que va a Mendoza donde hay una estación de servicio y un parador que sigue estando. Todo esto está tal cual, cualquiera puede hacer el recorrido hoy. Ahí se bajaron del auto, vino un camión y la subieron ahí, donde había dos pibas más de la misma edad, entre doce y trece años. Partieron en un viaje que le costó diez años de su vida. Desde ese día, ella nunca más supo dónde estaba. Esto es tortuoso. Nunca más pudo saber dónde está. Si en el país, en Buenos Aires, afuera, si hay una ruta o una calle, una peatonal, nunca más lo supo. Siempre sintió que estaba en deuda, otra cosa que es de manual", explicó sobre la metodología que implementan los tratantes. "Le hicieron de todo y tuvo que hacer de todo. Para qué entrar en detalles. Todo lo que se imaginen es poco. Lo tienen que multiplicar por tres mil. Sufrió de tal manera que no se acuerda. No se acuerda dónde dormía, cómo se llamaban las demás chicas, no se acuerda cuánto ni cómo. Cosas que obviamente ha bloqueado. Quedó embarazada, la llevaron a un hospital, parió, volvió con el niño a seguir siendo explotada y prostituida. Ella fue violada en su condición de prostitución hasta el día en que fue a parir. Cuando salió del hospital, pasó directamente a hacer pases. Lo que es terriblemente cruel. Ella cuenta que le dolía todo. Ana tiene cuatro hijos y los tres primeros nacieron en su condición de cautiverio", relató sobre el horror.
Según Corvalán, "cuando ella salió de este prostíbulo con sus niños en brazos sin un peso y sin ropa, lo primero que hizo fue ir a una comisaría y le dijeron 'si volvés a aparecer por acá con ese verso de que querés denunciar, te sacamos a los niños y te hacemos recagar'. Entonces ella dijo que no iba a denunciar nunca más. Después, Alika la convenció de llamar al 145. Denunció, fue a declarar y entró al Plan de Inclusión Social en San Luis. Las beneficiarias pueden tener obra social para ellas mismas, no para sus hijos, y cobran 6200 pesos. Ana trabaja en un vivero. Desayuna a las 9 y media con sus compañeras, se siente útil, querida, está contenta. Tiene por qué levantarse todos los días. Antes estaba tirada. Su casa sigue siendo precaria y vulnerable, pero tiene a dónde ir y la plata que cobra es su plata, nadie se la dio. Está verdaderamente feliz. Fue a declarar y cuando lo contaba decía 'yo no soy mala, soy víctima de trata de personas con fines de explotación sexual'", reconoció Ana después de deconstruir su revictimización.

¿Cómo viven las sobrevivientes?

Además del padecimiento de haber sido víctimas de trata y la violación de sus derechos humanos en circunstancias en que el Estado se configura como cómplice en su peor cara, las sobrevivientes de trata atraviesan el destrato y el abandono también luego de ser restacatadas o de salir del circuito de opresión por sus propios medios: "En su casita, las paredes están todas ahuecadas porque la lluvia le ha carcomido la unión de los block. Está toda filtrada. El techo de chapa que le colocó el ministerio de Desarrollo Social está mal puesto y tiene un halo entre la chapa y el block así que, cuando llueve, entra una catarata. Hace mucho calor en verano, mucho frío en invierno. El piso es de tierra, no tiene sillas. Tiene dos camitas de una plaza en las que duermen los cinco. Su hijo más grande ya tiene doce. Aspiran a otras cosas. Los más chiquitos quieren ir a la escuela. No están yendo. No tienen documentos", señaló. Corvalán no se cansó de tocar puertas inútilmente: "Hablé de este tema con Desarrollo Social de la Municipalidad, con la secretaría de la Mujer de la Municipalidad, con la secretaría de la Mujer del gobierno de la Provincia, con el ministerio de Desarrollo Social de la Provincia y la delegación del Centro de Documentación Rápida de la Nación en San Luis, con el ANSES, con diputados nacionales y provinciales de todos los partidos. Nadie puede hacerle el acta de nacimiento. Pero el Estado no entiende que esta mujer parió en cautiverio. Viven escondidos porque nadie los quiere ver en San Luis. Están en un barrio cruzando la ruta, bien lejos. Viajó a verla la Oficina Rescate. Un chico Mendoza y una chica de Buenos Aires. Le explicaron cómo era el proceso y la acompañaron. Hoy estaba sin comer", contó. "Su transformación es interna, pero con seis mil pesos no vive. Tampoco tienen acompañamiento psicológico ella ni los chicos. Además, fue revictimizada brutalmente por la secretaría de la Mujer de San Luis que se llama Ni Una Menos. La encerraron entre cuatro personas y le pidieron detalles, le preguntaron por qué lloraba", denunció.
"En su momento hicimos una campaña en las redes sociales para ayudarla a arreglar su casa, tuvo 1500 compartidos y más de 800 comentarios. Al día siguiente pusimos un punto en una plaza, estuvimos tres horas, ella y dos compañeras más. No fue nadie, porque San Luis es completamente indiferente. Dejamos mucho que desear como sociedad", aseguró.

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