9 oct. 2017


La situación afectó a los integrantes del programa La escuela va a los juicios, que fueron expulsados de la audiencia que presenciaban en la megacausa ESMA. Fue en el marco de la etapa de las últimas palabras de los imputados. Por pedido de los abogados defensores, los estudiantes menores de 18 años debieron dejar la sala, por lo que no pudieron escuchar las largas intervenciones de Cavallo y Astiz. Para hablar de ello, Diego Guiñazú, miembro del programa La escuela va a los juicios e integrante de programas educativos en ESMA, conversó con Fernando Tebele en el programa Oral y Público que se emite por Radio La Retaguardia. (Por La Retaguardia)

El programa La escuela va a los juicios es una iniciativa que convoca a jóvenes estudiantes secundarios a participar de los procesos legales donde son juzgados delitos de lesa humanidad. Guiñazú contó en qué consiste el programa y dio a conocer que, si bien por ley no pueden acceder a estos juicios menores de 18 años, desde el programa habían conseguido ampliar el marco etario para permitirle a otros jóvenes participar de estas audiencias públicas: “Es una experiencia pedagógica destinada a estudiantes secundarios para que puedan asistir a los juicios por los delitos de lesa humanidad de la última dictadura y también crímenes de Estado, como fueron el 19 y 20 de diciembre del 2001. Lo que busca el programa es que puedan ingresar estudiantes que tengan entre 16 y 18 años. El código dice que a partir de los 18 años puede ingresar cualquier persona. Eso era un logro que teníamos con el programa, podíamos ingresar con estudiantes de 16 años en adelante”, relató.
El miércoles pasado Guiñazú, junto a un grupo de estudiantes y docentes, habían ido a participar de la etapa en que los genocidas imputados tienen derecho a decir a sus últimas palabras antes de la sentencia del Tribunal en el tercer tramo de la megacausa ESMA, pero no los dejaron estar presentes. Con la macabra excusa de que los dichos de los genocidas podían afectarlos, los abogados defensores pidieron al Tribunal que expulsara de la sala a los jóvenes menores de 18 años. Sin embargo, remarcó Guiñazú, ni el Tribunal ni los defensores tuvieron tal reparo cuando estos mismos jóvenes presenciaron los siempre desgarradores testimonios de las víctimas del Terrorismo de Estado que se llevaron a cabo durante el juicio: “Ayer (por el miércoles) estábamos en la audiencia 46 estudiantes y 6 docentes de 3 colegios diferentes, 2 de la Ciudad y uno de Quilmes. Eran las últimas palabras de los imputados. Había 3 de ellos presentes: (Rogelio José Martínez) Pizarro, (Ricardo) Cavallo y (Alfredo) Astiz. Antes de que comience la audiencia, uno de los defensores, (Guillermo) Fanego, dijo que lo que iban a decir los imputados podía ser dañino para los estudiantes. Con ese argumento, utilizando la Declaración Universal de los Derechos del Niño, pidió que se desalojara a todas las personas menores de 18 años. Le dieron la palabra a la doctora (Rosana) Marini, una defensora pública, y ella también pidió que nos desalojaran de la sala. Ella es la defensora de Astiz y del Tigre Acosta, entre otros. Parecía que, repentinamente, la defensa tomó en cuenta los derechos del niño. De repente, le importaba que estos estudiantes no pudieran escuchar lo que pasaba ahí, como si fuera más fuerte que los testimonios de las víctimas que escucharon en otras oportunidades”, remarcó Guiñazú en charla con Fernando Tebele en Radio La Retaguardia. El abogado Fanego se ha encargado de maltratar y revictimizar a las personas que sobrevivieron y dieron testimonio en la causa.

Pueden votar, ir a la cárcel, pero no pueden escuchar a Astiz

Ante este ridículo pretexto, Guiñazú argumentó que la misma ley reconoce a los jóvenes de 16 años en adelante como sujetos de derecho y por ende, capacitados para enfrentar estas situaciones durante los juicios a genocidas. Además, explicó que el programa había conseguido la autorización de un Tribunal Superior para permitirles estar en las audiencias: “Aunque parezca mentira, ese fue el argumento que utilizaron: defender el interés superior del niño, como dice la Convención Internacional de los Derechos del Niño. También, esa Convención dice que son sujetos de derecho. Desde el programa creemos que tienen la oportunidad histórica de ir y asistir a estos juicios. Ellos votan a los 16 años. Son penalmente responsables. Por ley, la educación secundaria trata estos temas. No hay ningún impedimento. Había una acordada que nosotros presentamos en el momento y manifestaba esta cuestión. No tuvo resultado porque el Tribunal le dio la razón a los defensores, desalojándonos. La acordada que presentamos era de un Tribunal Superior, la Cámara de Casación Penal, donde nos autorizaba a ingresar con los estudiantes y decía que los tribunales inferiores también debían tomar eso en la misma sintonía. Normalmente todos los tribunales nos autorizaron a ir con los estudiantes. Este Tribunal, el TOF 5 (Tribunal Oral Federal) también nos autorizó. Hicieron una medida excepcional ante estas últimas palabras, que no sé qué tienen de distinto con lo que ya vivenciamos cada vez que fuimos durante todo el año con casi dos mil pibes y pibas. Esto puede ser un antecedente peligroso para la continuidad del programa y de la participación de la sociedad en los juicios”, denunció el miembro del programa La escuela va a los juicios.
Guiñazú dijo no comprender el porqué de este pedido puntual de los defensores de genocidas, pero sí expresó el compromiso de estos chicos y chicas que participan del programa, interesados en presenciar estos juicios y participar del proceso de Memoria, Verdad y Justicia. Incluso, contó, en ocasiones anteriores, debieron soportar los agravios de los familiares de los represores imputados que buscaban provocarlos durante las audiencias: “No tengo una certeza respecto al porqué. Seguramente no es por las razones que dieron. Incluso, no en los grandes medios, pero sí en algunos medios como el de ustedes, salió lo que dijo Astiz: que no se arrepiente de nada y lo que siempre dicen. No fue nada más fuerte que cuando escuchan a los testigos, que son testimonios desgarradores. Y más para estos pibes que están muy comprometidos. Son parte del centro de estudiantes, tienen su militancia y conocen del tema, saben de lo que están hablando. No vienen al caso las provocaciones de las partes allegadas a los imputados. Nosotros nos hemos comportado siempre bien. Jamás respondimos a esas provocaciones. Nos decían 'qué hacen acá', 'mirá cómo se dejan llenar la cabeza', 'cómo los traen acá en vez de llevarlos al parque' y provocaciones así que nosotros jamás hemos respondido”, aseguró.
Para terminar, Guiñazú relató cómo suelen desarrollar el tema de los juicios desde el programa y narró de qué manera continuaron con la actividad una vez que fueron expulsados de la audiencia: “Nosotros somos un programa que fomentamos el debate sobre estos temas. Salimos al salón que tenemos habilitado para hacer las charlas previas y posteriores a la audiencia, un salón en Planta Baja. Volvimos a ese salón y debatimos con todos y todas las que estábamos a ver qué hacíamos. Los mayores entraron acompañados de docentes para después salir y contarles al resto lo que habían vivido ahí adentro, a ver si era tan grave o no lo que tenían para decir que no lo podían escuchar. Esa fue la metodología que utilizamos y después el tema que tocamos fue la subestimación hacia ellos, como personas pensantes y que vienen acá por su cuenta. Cada colegio elige si viene todo el curso o algunos. Ellos se organizan y dicen quienes van. Cuando vuelven al colegio realizan una actividad. Nosotros transmitimos esto de sacar los juicios hacia afuera, que no queden solo en las 4 paredes de la sala de audiencia sino que esa experiencia salga de los tribunales y se convierta en una experiencia mayor, más abarcadora de todo lo que implica ir a los juicios”, cerró Diego Guiñazú.

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