24 sept. 2020




El abogado, escritor, poeta y autor teatral, Vicente Zito Lema dialogó con el programa Sueños Posibles. “Sobre pestes y bellezas” fue el título de invitación a reflexionar sobre la desaparición forzada de personas en democracia, con el caso de Facundo Astudillo Castro como disparador para luego pensar acerca de sueños, castillos de arena y algunas monstruosidades humanas. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Alfredo Grande/Irene Antinori
✍️ Redacción: Nicolás Rosales
💻 Edición: Pedro Ramírez Otero/Fernando Tebele



Escuchar la sabiduría de Vicente Zito Lema emociona. Sus palabras invitan a la reflexión crítica de la sociedad en la que vivimos. Su relato, por momentos filosófico y también poético, viene a dar luz a los problemas que aquejan a la humanidad. Las personas desaparecidas, el capitalismo, los derechos humanos, la justicia y la vida, suelen ser ejes recurrentes de sus explicaciones. Aquí compartimos sus aportes sobre las desapariciones forzadas en democracia. 


Fábrica de monstruos

  —La Retaguardia: ¿Cómo han cambiado la figura del desaparecido y la lucha de los derechos humanos de aquellos años de dictadura a la actualidad?

  —Vicente Zito Lema: Es muy complejo y doloroso a la vez. Tal vez no sea una buena introducción partir de lo personal, pero yo intento ser un hombre dialéctico y a veces me gusta ir de lo general a lo particular. Cuando  uno tuvo la experiencia de algo puede ayudar a comprender el todo. De las partes al todo también. En este caso es que se llega a ciertas edades que uno hace balances históricos de todas las cosas: de las importantes y de las menores. Y para mí el tema de los derechos humanos es una de las más importantes de mi vida. Varias veces he dicho que estos 80 años de mi vida están movidos por dos pasiones: la justicia y la belleza. Y en relación a la justicia he ido viendo que pasan muchos años y siento que uno ha estado como sentado en la arena frente al mar. Y con ilusiones ha ido generando a veces sólo pequeñitos castillos. Otras veces, con compañeros y compañeras, castillos que parecen un poco más sólidos como son algunas instituciones en las que uno participó en la lucha que ya creo que es eterna, entre lo que llamamos la luz y las tinieblas, y en otra lengua el poder por los que están por fuera del poder históricamente. Y también esa eterna lucha entre el poder y la riqueza. Y que tiene después una lectura profundamente ética que es de donde se nutren y tienen vida los derechos humanos. Y uno ha pasado por muchas experiencias, por muchos acontecimientos. Y uno creía en algún momento, especialmente para mí generación después de la última dictadura militar, que las cosas podían cambiar. 
La pregunta es qué ha cambiado y que sigue igual, o con otras formas pero con el mismo contenido.  Porque acá se da el hecho: estamos obligados a diferenciar calidad de cantidad. La calidad de la cosa es la figura  de los desaparecidos. Esa figura histórica en nuestro país y, como todos sabemos, con un pico de monstruosidad a partir de la última dictadura cívico militar. Ahí conocimos cantidad y calidad. Calidad por la hermosa gente que fue sujeto del drama. Y por la cantidad, porque por más que los perversos quieran cambiar lo de la dictadura militar con el advenimiento de las normas constitucionales, la violación de los derechos humanos no ha cesado. Y la figura de los desaparecidos, no en la monstruosa y casi imposible cantidad, que cuando uno ve la cantidad de lo que fue, queda como golpeado, sofocado. Pero sí, lo que en la figura de la desaparición como terror, como angustia, como dolor innombrable sigue constituyendo con el pavor que genera y con la carga de disciplinamiento monstruoso con que es aplicado esta figura a lo largo de la historia. Y lo real es que desde que se fue la dictadura hasta el día de hoy, con distintas cantidades pero con la misma monstruosa calidad  de la herida, las cosas siguen. 

Y aquí vienen como preguntas de fondo, que son dos: una es si los seres humanos pueden construir sociedades humanistas donde las aberraciones, monstruosidades, y perversiones que conocemos bien puedan dejar de suceder. Otra es pensar que, el fondo es la manera de reproducción material de la existencia. Es decir, que en buena lengua podríamos decir que mientras exista la propiedad privada, y en la medida que se van organizando las sociedades a partir de las acumulaciones de la riqueza y de las acumulaciones de la pobreza, no va a haber otra forma de vivir que con un humanismo que es como una línea de horizonte. Caminás un paso y el horizonte vuelve a alejarse. Es decir, es una monstruosidad que en sí no tiene cambio, o es una monstruosidad que depende de la situación con que uno organice como ser humano la vida en sociedad. Y llega un instante en que uno ya no sabe bien en que pensar. Uno quisiera aferrarse al sueño, a que la construcción alguna vez, por más que los ojos de uno no lo vean, habrán unas sociedades realmente humanas, organizadas materialmente desde otra forma. Y donde estas perversiones a la vida, estas perversiones del orden humano, ni en cantidad ni en calidad sigan reproduciéndose. Lo cierto es uno llega a un punto donde solo he conocido la repetición de monstruosidades.

La Bonaerense y las otras malditas policías

  —LR: ¿Qué reflexión te merece el accionar de la policía bonaerense y otras policías en democracia?

  —VZL: Yo creo que más allá de nuestro deseo, la realidad se impone a patadas. El poder no ha cedido en Latinoamérica. En el mundo. Pero vayamos, para no ir de tan a lo general que pareciera que me quiero escapar de hablar del hoy concreto: la realidad es que las fuerzas en pugna en nuestro país organizan sociedades de tal injusticia, de tal atroz forma de vida, que se vuelve casi como natural que sucedan las cosas que suceden. Y que querer como sintetizar que en la Policía de la Provincia de Buenos Aires está el mal, también sabemos que no es así. Porque la Policía de la Provincia de Mendoza, y la Policía de la Provincia de Tucumán y que la Policía en la Patagonia es famosa, la policía de Rio Negro... Sabemos que las policías en el país siguen siendo iguales. Y si ponés Gendarmería se reproduce la cosa. Y yo que conozco cárceles por todo el país, sabemos que las cosas de la Ciudad de Buenos Aires, donde las cosas a veces  por la exposición se disimulan un poco, pero en el conjunto de la sociedad argentina, en el conjunto de este país, la monstruosidad sigue viva. Y que casi no hay salida en ciertas circunstancias; en este momento concreto, la perversión que ocasiona el acaparamiento del poder en todos los órdenes y que no cesa por más que cambie el gobierno. Por eso es de fondo. La acumulación de la riqueza, el poder mediático, todo lo que la sociedad y los que escuchan este programa saben, que por más que cambie un gobierno, volvemos a la Policía de la Provincia. Esa maldita policía, sigue existiendo. Y vos y yo, y el conjunto de la gente, si mira con honestidad la realidad,  ve que gobierne quien gobierne está ese poder, que ahora llega a 90 mil policías. Vivimos un Estado policial. Y buena parte de la sociedad, está de acuerdo con este Estado policial cada vez más potente. 

Sobre Facundo Astudillo Castro

Hacia el final de la extensa charla, Zito Lema reflexionó sobre la desaparición de Facundo Astudillo Castro. 

“Lo que le pasa a quienes nos sentimos como en su propio cuerpo viendo su desaparición, hablo de Facundo Astudillo Castro, todos sabemos que la policía es responsable (la nota fue realizada antes de que se comprobara que el cuerpo hallado era el de Facundo). 

Y todos sabemos que hay un Ministro de Seguridad que es un monstruo. Sabemos que hay un gobernador, que es un muchacho con formación marxista, socialista, peronista, pero que seguramente él no tiene nada que ver con esto. Pero él está a cargo de un gobierno que no podría existir en esa provincia sin esa monstruosidad de policía. Porque en esa provincia, como en el resto del país, se reproduce una manera de vida, de riqueza y de pobreza atroz. Con todas las consecuencias que produce la desigualdad monstruosa, y que aviva esa parte de pasiones tristes que todo ser humano tiene. Y que sabemos que hay gente perversa en todo el conjunto social, en el lumpenaje, en la aristocracia, entre los intelectuales. Y que cuando suceden situaciones de economía terrible que esta pandemia ha sacado a flote, la violencia se convierte casi en una desesperada forma de manifestar lo peor y lo mejor que las criaturas humanas tienen. Y sale a flote todo: chicos que matan, policías que matan. Y obviamente que uno siente como más propio a alguien que no tiene nada que ver, es muerto por la policía. Pero también es cierto que hay jóvenes que matan policías, chicos casi por su juventud. Y todo esto, ¿qué tiene detrás? Dos cosas, lo inhumano que también es parte del humano, del ser humano. Y el vivir en un sistema que se llama capitalismo, que aviva lo peor que cada ser humano tiene. Y, ¿cómo se sale de eso? Y…,, no se saldrá del todo. Pero salir del capitalismo ayudaría a que esa parte de la perversión humana no sea tan potente como es hoy. Pero no vamos a salir de ese capitalismo monstruoso, pareciera que los pequeños sueños que produjo el dolor de la pandemia se van agotando día a día. Y uno siente que vamos a volver, más lastimados que antes, a una reproducción monstruosa de la vida. Sin embargo, cada uno, ustedes en su lugar, los compañeros que hacen la radio, lo que yo puedo hacer aún con mi problema dando clases, hablando allí en donde puedo, escribiendo poemas, luchando por los derechos humanos, cada uno con un poquito... Los que queremos todavía seguir vivo para la vida, lo haremos. ¿Cambiaremos algo?, yo diría que hemos intentado cambiar las cosas. Tal vez el mar destruya siempre los castillos de arena, pero lo más digno de la vida es levantar esos castillos sabiendo igual que el mar viene y se lleva todo. El presidente de la Nación, el gobernador, y el ministro de seguridad tienen la obligación de responder a ese antiguo instituto que se llama hábeas corpus, porque la responsabilidad por estar a cargo del Estado les corresponde a los gobernantes. Y para la historia va a quedar como anécdota si eran más buenos, o si eran menos buenos". 

Ahora que ya sabemos dónde estaba Facundo, queda aún saber qué pasó con él. Qué le hicieron. Ese es uno de los castillos de arena que hay que levantar, aun sabiendo que la marea crece.

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