26 may 2021



El sociólogo Daniel Feierstein publicó recientemente el libro “Pandemia, un balance social y político de la crisis del Covid-19”. Allí hace un balance del proceso que comenzó hace ya más de un año. En su paso por el programa radial La Retaguardia, reflexionó acerca de la coyuntura actual, los posibles escenarios en el horizonte local y cómo se configura el mapa político y social de cara a lo que sigue de la pandemia en un año electoral. (Por La Retaguardia)


🎤 Entrevista: Fernando Tebele
✍️ Redacción: Pedro Tato
💻 Edición: Fernando Tebele


—La Retaguardia: Escribir sobre la pandemia en tiempo real es una apuesta y más en formato libro. ¿Hay una necesidad urgente de reflexionar sobre la pandemia?

—Daniel Feierstein: Sí, es un ejercicio complejo pero la idea era esa. No hacer futurología, cosa que sería medio inútil en este contexto, sino parar la pelota y tratar de pensar. Proponernos un balance de lo que pasó es una herramienta fundamental para poder abordar lo que viene. El eje del libro es un poco ese: por un lado una pandemia, que es un fenómeno evidentemente social y depende de los comportamientos. A su vez los comportamientos se basan en lo que podríamos llamar una disputa por las representaciones, cómo nos contamos lo que está pasando. Entonces el objetivo del libro no es solo entender sino incidir en esa disputa, para entender cómo nos estamos contando lo que está pasando y qué influencias tienen esas representaciones en lo que somos o no somos capaces de hacer.




—LR: El contexto es complejo no solo desde lo sanitario sino también desde lo económico. En las barriadas populares la están pasando muy mal y el Estado está prácticamente ausente ¿Cómo se resuelve esta crisis desde lo político?

—DF: A ver, el problema de fondo es no haber entendido el nivel de catástrofe con el que confrontamos y, entonces, no tomar medidas suficientes ni a nivel sanitario, ni a nivel político, ni económico. A mí me sorprende realmente el nivel de responsabilidad y de solidaridad de los sectores populares, que pese a estar pasándola muy mal, no estamos teniendo ni grandes explosiones, ni saqueos, ni respuestas de ese tipo. Con lo que está mostrando paradójicamente un enorme nivel de responsabilidad, que está en contradicción con la irresponsabilidad que muestran los sectores que más tienen, que incluso han buscado en algunos casos judicializar la mínima contribución extraordinaria que se propuso el año pasado y que es totalmente insuficiente en relación a la situación que requiere pensar seriamente una redistribución del ingreso, que es la única manera de poder afrontar esta situación en un sentido socio-político y con alguna chance de ir superándola. Después tenemos toda la parte más técnica, si querés, de las distintas respuestas sanitarias. Pero, la complejidad sociopolítica y económica te complejiza esa respuesta, porque de pronto algunas de las más costosas, como una cuarentena muy firme y prolongada por seis o siete semanas, que es lo que realmente en algunos lugares ha logrado una reversión muy significativa de la curva de contagios, requiere un nivel de inversión económica que es imposible sin plantear formas de redistribución del ingreso. Son totalmente posibles en la sociedad argentina, porque tenemos sectores que se están enriqueciendo como nunca, ni que hablar el precio de los commodities o las empresas de comunicaciones, pero requiere poner esas cuestiones sobre la mesa.

—LR: Vos decías recién que el gobierno no asume la catástrofe en la que estamos. Ahora, justamente quienes están en el Gobierno nacional son los no negadores de la pandemia, todo el tiempo están diciendo que esto es grave y que tenemos que cuidarnos. Es raro porque se entendería lo que vos decís si estuviera el macrismo en el poder...

—DF: Es muy bueno lo que decís, y yo en el libro planteo que esto genera en la sociedad argentina una de las situaciones más difíciles. Igual yo no me refería solo al gobierno, sino a la enorme mayoría de la estructura política, que incluye al gobierno y a la oposición de manera distinta. Porque tal como decís, tenés sectores de la oposición cada vez más importantes que están en una actitud de negacionismo absoluto y no fue así al comienzo de la pandemia. Entonces, pareciera que si analizas lo discursivo, los sectores del gobierno son los que le dan algún lugar a la comunicación de la gravedad de la situación como al intento de tomar algunas medidas. Pero, si sacas eso de la discusión de la grieta y de la discusión con los negacionistas, te das cuenta que en el tipo, en el modo, en el estilo y en la inversión de las medidas adoptadas, hay también un nivel muy grande de negación en el sentido de realmente no poder observar la gravedad de la situación y lo que ello requiere. Por supuesto todo es relativo en ese sentido, si lo comparás con una persona que te están diciendo que esto es una gripecita, que no existe o que podemos seguir haciendo todas las cosas como si no pasara nada y que total no va a pasar nada, podríamos decir que no es negador tratar de implementar algunas restricciones. Pero, el problema es este, incluso comparando con respuestas de Estados más negacionistas, como los casos de Estados Unidos o Brasil, vos tenías gobiernos que optaron hacer como que la situación no existía, pero entonces también tenías una enorme reacción social que se enfrentaba a esto buscando mostrar y denunciar la gravedad de la situación. En una situación como la actual, donde a un gobierno que no reconoce la gravedad en sus acciones que lo corren desde el negacionismo, casi que no te deja espacio para aquellas fuerzas que podrían plantear poner sobre la mesa la gravedad de la situación. Quizás ese lugar lo tendrían que ocupar las organizaciones sociales o las fuerzas de izquierda. No se ve una gran reacción que le esté exigiendo al gobierno otro tipo de medidas, tanto desde lo sanitario como desde lo económico.

—LR: Año electoral, y elecciones de medio término, con lo que ello significa en el cambio que se da en el Congreso a los dos años de la asunción de un gobierno. ¿Eso ya está jugando en las posiciones que se están tomando o todavía no entró en juego?

—DF: Yo creo que jugó siempre, y eso es parte de lo triste, no haber podido dejar un poco esa lógica tan cortoplacista. Y, obviamente, a medida que se acerca el plazo cada vez va a jugar más. El asunto es que, insisto, puedo entender aunque me parezca cínico, a qué juega esa oposición tan radicalizada, expresada por Patricia Bullrich por ponerle un nombre. Me cuesta más entender a qué juega el gobierno, con todo lo que implica para la situación sanitaria y sociopolítica tomar elecciones a corto plazo y seguir una lógica de ajuste y de contención del gasto. Es como poner la mecha de una bomba que también va a ser electoral. Me parece que lo que se está requiriendo es volcar dinero a los sectores más afectados, que no son, justamente por la característica de esta tremenda crisis sanitaria, no sólo los sectores históricamente más vulnerables, sino a muchos sectores medios que han sido muy golpeados por la pandemia y que están requiriendo también formas de asistencia. Por un lado hay una promesa discursiva, por ejemplo, de que los salarios le van a ganar a la inflación, y por otro lado paritarias que apenas están dos, tres o cinco puntos por encima de una inflación proyectada que ya se sabe que no va a ser la real. Entonces, otro año más con los salarios perdiendo frente a la inflación, sumado a la crisis generada por la pandemia, es una situación verdaderamente explosiva. 

—LR: Hace un año y medio explotó Chile, ahora está explotando Colombia. Cuando vemos lo que ocurre en esos países y se pregunta qué le pasa a algunos sectores de nuestra sociedad que siguen soportando sin explotar.

—DF: A ver, por un lado hay una cantidad de organizaciones sociales y redes de contención en nuestro país que no son comunes en todos lados. Pero, por otro lado, hay que ver qué significa esa explosión. Chile y Colombia están explotando, o han explotado en formas de rebelión desde los movimientos sociales y el campo popular ante la situación de desigualdad e injusticia. El reclamo ha tenido que ver con un reclamo de mayor distribución del ingreso y mayor justicia. Sin embargo, el tipo de deterioro que se ha ido dando en nuestro país, hace pensar que si se expresara en forma de explosión, en este momento está más en condiciones de dirigirla una derecha neo-fascista que una forma insurgente o contrahegemónica. Entonces, me parece que hay ahí elementos para pensar incluso la gravedad de seguir ignorando esta crisis, ¿no? Porque me parece que incluso, más allá de la gravedad de lo que ha sido la respuesta represiva estatal de lo que han sido Chile y Colombia, me parece que, quien puede conducir con mayor facilidad el hartazgo o el enojo social hoy en la Argentina parece ser una derecha neo-fascista. El único modo de confrontarla, además de cerrarle la posibilidades del acceso político, en el sentido de sistemas de alianzas e intentar construir alguna fuerza más en clave de lo que fueron las luchas antifascistas. El otro elemento, es comenzar a dar respuesta a las necesidades y los reclamos populares. Y eso es lo que digo que me cuesta ver esta lentitud, esta morosidad, para poder realmente ofrecer respuestas buscando afectar a los sectores de intereses más concentrados, que son los que, por supuesto van a conducir cualquier intento de desestabilización o respuesta neo-fascista. 



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