18 sept 2021



Fue secuestrado el 27 de octubre de 1976 en su casa de Los Hornos, Provincia de Buenos Aires. Sufrió feroces torturas y sobrevivió. Elaboró con mucha paciencia un testimonio tan valioso como meticuloso. Declaró en junio de 2006 durante el primer juicio realizado tras la caída de las leyes de impunidad. El 18 de septiembre, el día de los alegatos, lo volvieron a secuestrar. Esta vez no apareció. Su desaparición es una deuda de la democracia. La desidia del Estado para dar respuestas sobré qué fue lo que pasó y quiénes los responsables, continúa al día de hoy. El rol de Aníbal Fernández, integrante del gabinete del entonces presidente Néstor Kirchner, nombrado ayer por Alberto Fernández como Ministro de Seguridad. Compartimos en esta nota el testimonio completo de López, que se vio completo en el actual juicio contra Etchecolatz y Garachico. (Por La Retaguardia)


✍️ Redacción: Paulo Giacobbe

🎤 Entrevistas: Paulo Giacobbe/Fernando Tebele/Diego Adur

💻 Edición: Fernando Tebele

🖥️ Edición de video: María Eugenia Otero

📷 Foto: Captura de pantalla de la transmisión de La Retaguardia y Pulso Noticias



—Todas las preguntas y cooperación que necesiten, un servidor —dijo Jorge Julio López al cerrar su declaración frente al Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata. La sala llena aplaudió. Era el 28 de junio de 2006. Nadie imaginó lo que estaba por ocurrir y que, seguramente, ya se venía planeando. 

“Para ubicarnos debemos volver a ese 18 de septiembre de 2006, día que la querella que integrábamos íbamos a presentar su alegato”, dijo la sobreviviente Nilda Eloy en el documental radial de La Retaguardia cuando se cumplieron 10 años de la desaparición de López.  Nilda integró la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD), fue fundamental en el tejido obsesivo de la memoria que ha permitido conocer detalles de la represión en lo que se conoció como el Circuito Camps. Falleció en 2017. “Ese día (el 18) a la mañana temprano, yo tenía las entradas para la familia de él, y llegó Gustavo el hijo menor y un sobrino, con: “Y mi viejo no está. A partir de ahí fue una locura”, recordó Eloy hace 5 años entre sus silencios característicos. 




“Lo chuparon” dijo Nilda a los pocos minutos. En ese alegato tenían que estar presentes López y Eloy porque no habían firmado poder para delegar su presencia en el juicio a los abogados. “Por lo tanto para que ellos pudieran alegar nosotros teníamos que estar en el juicio sí o sí; Él quería verle la cara a Etchecolatz. Entonces no me entraba en la cabeza esas cosas que se intentaron plantear en un principio: que se había escondido, que tenía miedo, que se podía haber perdido, que era un viejito gagá... no. Jorge no era nada de eso, sí tenía un Parkinson que recién empezaba y le temblaban las manos, pero no era un viejito gagá y mucho menos se hubiera escondido por miedo”, contó Nilda en un pasaje del documental. Pese a la ausencia de López, la querella pudo presentar el alegato por genocidio.

“Yo sé que me van a condenar y que no tendrán vergüenza en condenar a un anciano enfermo, sin dinero y sin poder”, fueron algunas de las palabras de Etchecolatz en la última audiencia. Para Nilda Eloy el genocida no estaba hablando de sí mismo, estaba hablando de Jorge Julio López. 

Residual

López ya había declarado el 7 de junio de 1999 en los Juicios por la verdad y el 13 de septiembre de 2021, la misma semana en que se cumplen 15 años de su segunda desaparición, el TOF 1 proyectó el testimonio de 2006 en el Juicio Garachico o Arana II. Una causa residual del juicio Circuito Camps que tiene solo dos imputados: Miguel Osvaldo Etchecolatz y Julio César Garachico. El primero está preso en la Unidad Penal 34 de Campo de Mayo. El último goza del beneficio de la prisión domiciliaria. 
Guadalupe Godoy, abogada querellante en juicios por lesa humanidad y militante de derechos humanos, parte del equipo de abogadas que representaban a López en aquel juicio, dialogó con La Retaguardia y dijo sentirse un poco molesta por la coincidencia en las fechas: “No me parece casual que estemos en esta fecha viendo ese testimonio. Esos simbolismos, esas coincidencias de fechas, no están buenas. Hay una carga emotiva muy fuerte. Es complejo”. Godoy resaltó los testimonios de López en 1999 y 2006 para recordar que a Garachico se lo está juzgando recién ahora. “Y lo que implica tanta ausencia. No está López, no está Nilda Eloy, mucha ausencia, y lo duro que es este camino que hemos elegido: reclamar justicia por la vía judicial. Es muy duro”. Godoy recordó que Cristina Gioglio, fallecida en 2020, también era parte de la querella en esta causa que comenzó el 30 de agosto. 



Los juicios como logros

“Los juicios son nuestros propios logros como pueblo, tenemos ese equilibro entre la frustración que genera que sean así y que no hayamos logrado que sean de otra manera y el saber que si no fuera por el movimiento de Derechos Humanos tampoco hubiéramos alcanzado estas situaciones que son triunfos, a pesar de todo. Si vemos el contexto internacional, lo difícil que ha sido juzgar genocidas. No es sencillo. En el caso de ayer (por la repetición del testimonio en el juicio actual) me cuesta un montón vernos ahí, vernos todos y todas, sobre todo en el caso de López, lo que significaba el inicio de los juicios, necesariamente 15 años después son balances, son cuestiones, y son un tanto dolorosas porque se llevó mucha vida puesta”, consideró la abogada querellante. 

La coincidencia de fechas ofrecería una nueva burla política. Luego de una crisis interna producto de múltiples factores que exceden ampliamente el tema central de estas líneas, el Presidente de la Nación, Alberto Fernández, modificó una parte de su gabinete nacional. Sabina Frederic abandonó el cargo de Ministra de Seguridad y ese puesto fue ocupado por Aníbal Fernández.  “Hay elementos con los que contamos que son demasiado importantes para hacerlos públicos”, declaraba el 22 de septiembre de 2006 Aníbal Fernández, por ese entonces Ministro del Interior del gobierno de Néstor Kirchner. El 28 de octubre de 2006 afirmaba que “Es reconocida la fuerte participación de esta fuerza (por la Policía Federal) en la búsqueda de Jorge Julio López”, y “Si Dios y la Virgen me ayudan, lo encontramos y se va a la casa”, insistía el 7 de marzo de 2007 el ahora Ministro de Seguridad. Su recorrido de declaraciones incluyó todo tipo de frases para justificar la falta de resultados en la búsqueda del testigo. Las aquí mencionadas están tomadas de la edición especial de la revista de la AEDD de septiembre de 2011.

Montonero

Guadalupe Godoy consideró que ni la Justicia ni los abogados de los defensores estaban preparados para la potencia del testimonio del albañil. “Los defensores de Etchecolatz venían medio con delay, los alegatos que hicieron eran muy Juicio a las Juntas. No eran muy conscientes de que habían pasado cosas en el medio. De que el sentido común imperante no era el de la teoría de los dos demonios. En ese sentido no lo podían creer, era muy violento.  Tampoco la escena judicial estaba preparada para eso”. Y para ejemplificar, la militante de derechos humanos, menciona la respuesta de López al fiscal cuando le preguntó a qué se dedicaba. Se puede ver en esta nota y vale la pena recordarla. 

—Señor López, ¿usted qué era en aquel momento cuando fue ilegalmente detenido?
—Y, cooperaba con los Montoneros, qué me importa, yo se lo digo, derecho. Yo no me saco la venda… de la cara o lo que… cooperaba con ellos porque fueron los únicos valientes que hicieron frente a todos 240 mil tipos que tenían entre Policía, soldados, marinos, Prefectura, Gendarmería, que cooperaban todos. Fueron los únicos. 6 mil tipos que salieron a la calle. Y otra cosa le aseguro… Montoneros dejó todas las cosas… el 16 de agosto del 76, dijo ‘Muchachos váyanse del país… váyanse…” y nosotros no le hicimos caso. “Váyanse porque los van a matar”. Y Montoneros ya entregó las armas… no tenían más, ya estaban al borde la bancarrota. Y con orgullo se lo digo y si no júzgueme si quiere, con orgullo se lo digo, porque fueron  unos cuantos pibes que salieron a defender a la gente…
—¿Usted era albañil en ese momento? —fue un intento infructuoso de explicar mejor la pregunta inicial. 

López no lo escuchó, estaba embalado:  

—Con la cúpula de ellos no soy porque fueron unos traidores cuando se vieron mal dispararon con la guita que había de la organización, tanto Firmenich como otros varios. Y lo sé bien de cuajo.
 —Yo le preguntaba cuál era su desempeño laboral.
—¿Qué? —preguntó López que no había entendido. 
—A qué se dedicaba… 
—Y andaba…  hacía inteligencia por lugares que… —explicó Jorge mientras se escuchaba un “no, no, no” de fondo. 
—De qué trabajaba. 
—Siempre trabajé de albañil. —dijo López finalmente. En varios pasajes de su testimonio realizara ese reconocimiento a la juventud que luchaba por una sociedad más justa, de iguales.  

“López había contado que en esa función de ser albañil, esto creo que no lo cuenta en el juicio, iba y hacía como que arreglaba veredas para ver quienes entraban y salían de la comisarías cuando estaban tratando de ver a los compañeros que secuestraban”, detalló Godoy.
Sobre la segunda desaparición, la abogada de derechos humanos, analizó: “nunca hemos pensado que la desaparición esté vinculada solo a la interrupción de los juicios, pensamos que es una parte, pero la otra es el contexto político en el cual se dio, que era el intento de reforma de la Policía de la Provincia de Buenos Aires por parte de León Arslanian y Felipe Solá (Ministro de Seguridad y Gobernador de la provincia en 2006, respectivamente) y entonces también la idea de que policías en actividad participaron”. 

Godoy resaltó la potencia del testimonio de López, pero no como testigo clave, esa “es una idea muy periodística, muy poca adecuada para la idea de juzgar un genocidio”, sino más bien con la “simbología que era situarlo a Etchecolatz en el lugar de los hechos, situarlo dentro de un centro clandestino de detención, cometiendo esos delitos por mano propia y no como autor mediato. Hay ahí una cosa simbólica muy fuerte”. 

“López tenía como notas discordantes con respecto a los otros sobrevivientes, era un señor grande, por eso le decíamos El Viejo. Es el único en ese juicio, que es el primero después de los anteriores que habían sido bajo la vigencia de los dos demonios, que reivindica esto de haber colaborado con los Montoneros. Él militaba en una Unidad Básica barrial adonde iban los pibes de la JP Montoneros, que como dijo él, ponían todos los pesitos para juntar plata, iban desde la Universidad a los barrios a laburar con los pibes. Esa reivindicación él la hace en el juicio”.

Godoy suma esos dos elementos al analizar la segunda desaparición: “Hemos tratado de pensar muchas hipótesis, incluso las más alocadas, una de ellas tenía que ver con eso, con esa reivindicación y con ese situar a Etchecolatz en los hechos concretos. En una lógica que es lo que significó en ese momento la bomba a la Jefatura (de la Policía Bonaerense) en La Plata y claramente esas redadas que se dieron en esa fecha que fueron muy ejemplificadoras por lo que había sucedido”. 

“¿A qué te podés acostumbrar?”, pregunta una pared con escalera de la Universidad de La Plata. Tiene un número que ahora cambiaron. Ya no es 14. Es “15 años sin López” y un gigantesco dibujo del albañil militante de Montoneros caminando, levantando el brazo, vestido con pulóver, borcegos y gorro, se mete en los ojos llorosos. 
Jorge Julio López en un juzgado de La Plata, trayéndonos para siempre Memoria, Verdad, Justicia y 15 años de impunidad, todo al mismo tiempo.   


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