11 ago. 2013

(Por La Retaguardia) En el país está vigente la ley de identidad de género desde mayo de 2012.  Más allá de lo legal, aún hay cuestiones que no hemos podido reflexionar profundamente, ni superar prejuicios y mandatos, y sobre las que los profesionales de la salud y los juristas recién comienzan a tomar posición. Esto ha quedado claro para Gabriela, la mamá de Lulú (y también de un varón mellizo), que reclama un cambio de documento para su hija que nació con genitales masculinos pero se autopercibe como nena. La familia no quiere que su DNI siga teniendo el nombre de varón con el que la inscribieron siendo bebé. Gabriela, su mamá, se reunió hace pocos días con representantes del INADI, quienes manifestaron su apoyo al pedido de la familia de obtener un nuevo documento con nombre femenino. Gabriela que describió el proceso que realizó para aceptar ella misma la identidad de su hija, y su lucha posterior no solo para tener el nuevo documento sino también para cambiar la mirada de los otros, durante una charla cruda y profunda.

La entrevista se dio en el marco del programa radial Sueños Posibles que conduce Alfredo Grande, quien atiende psicológicamente a Lulú.

-Alfredo Grande: ¿Cómo vivís lo que se generó a partir de que tomó estado público la historia de Lulú, sobre todo por la carta que le enviaste a la presidenta?

-Gabriela: Mi carta hacia la presidenta fue después de haber agotado todos los recursos legales. Al aceptar que mi hijo no era el hijo que había parido sino que era una nena, acepté su identidad y me puse a su lado para ayudarla porque tan chiquita no iba a poder, entonces ayudé en todo lo que pude para que pudiera estar tranquila y pudiera conformar su identidad como ella necesitaba. Busqué médicos, pediatras, neurólogos, psicólogos, hasta que caí en manos de Valeria Paván, que es la coordinadora del Área de Salud Mental de la CHA. Fue pasando el tiempo y Lulú fue afirmándose cada vez más y ya no tenía apariencia de varoncito entonces las cosas se fueron complicando. Yo entiendo que hay que dar una identidad legal porque hoy Lulú no existe, existe Manuel..., todo lo que a ella le pase se resume en el DNI de Manuel. Yo la llevo a una guardia con el mentón abierto y hay que darle tres puntos, primero hay que pasar por la secretaria que ve que el documento dice Manuel y hay una nena para atender. Si pasás a la secretaria llegás al médico que la atiende, pero el médico, en lugar remitirse solamente a ver qué es lo que a la niña le pasa, qué problema de salud trajo porque para algo la llevé a una guardia, te empieza a cuestionar y a preguntar ‘¿pero cómo es una nena si acá dice Manuel?’, dejan de lado automáticamente el problema de salud que mi hija tenga, ya sea si se abrió, si tiene un broncoespasmo, si la tengo que vacunar, si tengo que anotarla en un deporte, todo lo que yo tenga que hacer con ella siempre te piden el documento, y yo presento el documento y está el nombre de un varón, entonces se crea una situación que tenemos que estar explicando qué es lo que sucede con Lulú. Y la mayoría de los profesionales no tiene la capacidad primero de entender el psicodiagnóstico que es trastorno de la identidad sexual del niño, no quieren comprender, y no respetan, porque si por lo menos se dedicaran primero a solucionar el problema de salud que tiene la niña y después me llamaran aparte y me dijeran ‘señora, por favor, me puede explicar qué es esto, qué es este documento de varón con esta niña presente’, sería más fácil pero no... he pasado por unas situaciones terribles con pediatras delante de la niña, estoy hablando de personas que estudiaron en la universidad, que se prepararon y tienen un título, y que están atendiendo chicos, y sentada mi hija con 39° de fiebre por una angina preguntarme ‘¿tiene los genitales atrofiados?’ o decirme ‘ay, pero la verdad parece una nena, veo el DNI y no lo puedo creer, ¿tiene pene?’. Y la niña mirando. Entonces estamos haciendo un trabajo para mantenerla emocionalmente estable, psicológicamente protegida, contenida, y cada vez que ocurre un episodio de salud, mi hija tiene broncoespasmos seguido, llegamos a la guardia y la dejan de lado para preguntarme cómo es el tema porque ni siquiera lo comprenden. Esa es la necesidad de un documento, de un respeto de los derechos que tiene mi hija a que se la atienda en la salud pública, en una clínica, en darle una vacuna. El simple hecho de hacer un análisis de sangre y yo tengo que andar explicando, porque me dicen ‘¿el niño Manuel no vino?’. El niño Manuel es la niña que está ahí sentada, falta que me pidan que lo desvista para que corroboren que es un niño físicamente y que por eso tiene un documento de varón.

-Irene Antinori: ¿cuáles son los mayores miedos que puede tener esta niña?

G: Mi hija no tiene miedos, tiene seis años. Ella no es consciente de un montón de cosas de cómo la sociedad la ataca. Primero porque la estamos conteniendo y protegiendo, si yo dejo que la gente diga delante de ella lo que quiera la destrozan. Mi hija no tiene miedos, tiene angustia; mi hija se entristece, y me hace preguntas que yo ya no sé cómo contestarlas porque ella es consciente de que su cuerpo es el de un varón. Yo le expliqué el tema del DNI porque ella me pregunta por qué le dicen Manuel. Y la humillan, porque en una guardia de una clínica en pleno invierno hay más de treinta chicos, hay más de treinta padres y la situación que se crea en la recepción... ya te están faltando. La nena se siente agredida, yo me siento agredida. Nos faltan el respeto, cuando la llaman delante de treinta nenes, la llaman como Manuel y tiene que entrar Lulú con sus colitas, con su pollerita, como ella decidió ser y adentro el doctor encima no entiende la situación, es un desgaste. Mi pedido del DNI no va a afirmar la identidad de mi hija porque ella tiene muy firme su identidad y la está conformando de una manera perfecta, el tema lo tienen los demás. Lulú no tiene miedos, lo que ella tiene son decepciones, frustraciones, se siente triste, rechazada, señalada, observada porque por más que tenga seis años se da cuenta de todo, ‘por qué me miran, por qué me llaman con un nombre de varón, por qué no me dejan estar en la fila de las nenas’, esto pasaba en el otro jardín, me decía que no quería ir al jardín porque la ponían en la fila de los varones.

-Fernando Tebele: Conociendo los prejuicios de esta sociedad, me imagino que ante la situación del DNI de varón y ver a Lulú muchos deben hacer blanco en vos, diciendo por ejemplo ¿qué le pasó a esta mamá para que esta chica sea así, no?

G: ¿Querés que te diga las cosas que me dicen a mí? Todavía no sé cómo estoy de pie... lo estoy porque lucho por mis hijos, por ambos, porque los amo profundamente, y tengo la capacidad que muy poca gente tiene de escuchar. Yo escuché a mi hija y la vi sufrir de una manera que no quiero volver a ver nunca más.  Hoy mi nena es una niña feliz, y antes mi hijo de dos años era un varón triste, entonces entre un varón triste y escondido debajo de la cama, prefiero una niña feliz. Quiero que mi hija sea feliz. La sociedad te castiga, nadie te va a venir a preguntar en la cara qué pasó, ni siquiera la gente que tiene confianza. Yo vivo en el barrio hace 26 años. Todo el barrio sabe que yo tengo mellizos, todo el mundo habla por detrás. Han llegado a decir ‘¿con qué cara esta mamá manda a su hija al jardín?’, ¿qué quieren que haga, que la esconda en un pozo para que todos estén contentos? Me enteré que para los demás soy loca, ‘¿qué le pasa que viste a uno de los nenes de nena, quiere la parejita?’, me dicen. Entonces yo invito a todos los que piensan que yo quiero una parejita, a quien tenga un niño de la edad de mi hija, un varoncito, que lo vista de mujer y que lo obligue a ser mujer, a ver cuánto tolera ese niño que lo traten de una manera de la que él no se siente. Yo críe a mis dos hijos de la misma manera, lo que tuve que hacer es escuchar a mi hija, porque a ella al año se le caía el pelo, se estaba quedando pelada por mechones y era emocional lo que le pasaba, porque la llevé al dermatólogo, al neurólogo, le hicieron un estudio del sueño porque Lulú no dormía. Esto no es que de un día para el otro a mí se me ocurrió tener una nena. El sufrimiento que hay detrás de esta familia, el no saber qué va a pasar, el miedo a que mi hijo se lastimara y quisiera cortarse el pene, porque hubo una situación que era tanta la presión que había en el jardín de infantes anterior que ella no quería ir al jardín y empezó a negar su cuerpo. Hay que empezar a aceptar que quiera a su cuerpo porque lo que le estaban inculcando era destructivo, nocivo para ella. Ella no quería ir al baño, no quería bañarse, me decía que no tenía pene, que el pene estaba en el jardín, y esto era porque en el jardín era el único lugar donde la trataban como varón ¿Qué hubieran hecho los demás en mi lugar con un nene de cuatro años que se te para adelante tuyo y te dice?: ‘yo no me llamo Manuel, me llamo Lulú, y si vos no me decís Lulú no te hablo más’ Esto no surgió de un día para el otro, llevamos cuatro años recorriendo especialistas. Hoy gracias a la compañía de la CHA, la contención de Valeria Paván, de Gabriela Gamboa (de la Cooperativa de Salud Mental Ático), del Dr. Grande, de toda la gente, de la familia, de los amigos, gracias a la CHA ella pudo ingresar al jardín como nena. Hoy Lulú está feliz, se acepta su cuerpo, quiere su pene, va al baño, no tiene problemas, esto es porque es una nena y se la respeta en todos los ámbitos como una nena.

-IA: ¿Para vos tampoco fue fácil aceptar que tenías una nena y un varón, debiste luchar contra vos misma también, no?

G: Por supuesto que no fue fácil. Yo lo resolví en muy poco tiempo. Cuando veo hace cuatro años un documental en National Geographic donde hablaban de una nena transgénero y explicaban lo que era, comprendí que era eso lo que tenía mi hija, lloré desconsoladamente, estuve dos o tres días, quince, veinte, no me acuerdo, no encontraba mi eje y no sabía para dónde correr porque esto pasaba en Estados Unidos, no pasaba en Argentina. Pero hice pie, toque tierra cuando la miré y vi la tristeza de esa criatura y me dije que yo no era quien para seguir presenciando el dolor de esta criatura sin hacer nada. Soy la madre. La mire y le dije ‘si vos querés ser una princesa, mamá te va a ayudar a que seas la princesa más hermosa del mundo’. Y me dije que tenía que dejar de llorar porque mi hija no está en la lista del Incucai, no está internada  en un hospital con una enfermedad, no tiene nada malo, está sana, está viva, lo único que pasa es que tiene un cuerpo que no encaja con su identidad, nada más, y ahí me resultó todo mucho más simple, y cuando más feliz la veía, cuando cambió esa carita de tristeza que tenía por una sonrisa permanente, por una simple pollera, por una simple muñeca, por un simple nombre, si vos ves feliz a tus hijos después de haberlos visto sufrir, de tener que sacarla de abajo de la cama porque se había puesto la funda de la almohada como pollera y tenía miedo que yo la retara, qué vas a hacer, yo salgo con el pecho de acero y las balas las recibo yo, pero yo voy a luchar para que mi hija tenga un lugar en esta sociedad, para que se la respete y para que tenga el derecho al documento, en este país que creo que es el único que tiene la ley de identidad de género, cómo mi hija no tiene un documento.
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