19 nov. 2014

Jorge Garaventa dialogó con
Alfredo Grande
(Por La Retaguardia) El psicólogo y psicoanalista se refirió al abuso sexual infantil, retomando el artículo de Laura Gutman pero también otras teorías que buscan imponer representantes de lo que caracterizó como sexualidad represora y cultura patriarcal. En una entrevista realizada por Alfredo Grande e Irene Antinori para el programa Sueños Posibles, que se emite por Radio La Retaguardia, Gareventa además reflexionó sobre la muerte de Omar Chabán y su posible consecuencia en los familiares y sobrevivientes de la Masacre de Cromañón.

Jorge Garaventa es un militante contra el abuso sexual infantil y como tal ha trabajado para dar por tierra con una teoría a la que no considera errónea, pero sí tendenciosa que se relaciona con lo que llamó “el mito del abusador abusado”. El especialista dijo que esa teoría era “una reflexión que sostenía -y en algunos sectores sostiene- que el abusador sexual de niños es en realidad alguien que ha sido él abusado. Lo que entonces yo empecé a ver primero es que esto no tenía ninguna correspondencia con lo clínico, sino todo lo contrario: quien ha sido abusado cuando niño lejos de poder devenir en un abusador cuando adulto es -al contrario- un sujeto pasible de ser abusado en todas y cada una de las instancias de su vida, incluso en lo político, más allá de que además porta una especie de minusvalía defensiva, porque en realidad una de las secuelas más severas que deja el abuso sexual infantil no procesado es la cuestión de que psiquis arrasada es psiquis sin posibilidad de defenderse y más en el reino de la sociedad capitalista”.
“La otra cuestión que se suele decir es que hay una banalización en algunos sectores del tema del abuso sexual infantil –continuó Garaventa–, y yo digo que hay una banalización siempre y cuando tomemos la banalización en el sentido en que la tomaba Hannah Arendt, por ejemplo, porque de lo contrario estamos negando la otra cuestión que es: cuando se ‘banaliza’ el abuso sexual infantil, lo que se está haciendo en realidad es desideologizar la actitud de la intención de aquel que está quitándole la severidad que tiene un delito y un avasallamiento tan tremendo de la niñez”.
Garaventa además se refirió al texto publicado por Laura Gutman acerca del abuso sexual infantil y las supuestas motivaciones que llevan a un adulto a cometer estos actos: “así como algunos salimos a plantear y aclarar rápidamente qué era lo que se estaba diciendo y qué era lo que se estaba tratando de aplastar con esos dichos, también hoy veía que hay toda una corriente defendiendo la posibilidad de pensar distinto, como si propiciar, avalar, ensalzar el abuso fuera pensar diferente, en vez de entender cuáles son las fuerzas que se están liberando cuando se está avalando una cosa como esta. En realidad no son cosas ni descuidadas ni casuales, son posicionamientos intencionales que tienen que ver con el lanzamiento de políticas, porque en realidad la sexualidad represora no se rinde, la cultura patriarcal no se rinde, los abusadores no se rinden y así como nosotros intentamos armar redes, del otro lado hay redes de pedofilia, de pornografía y redes comerciales también”.

Paradigma de la enfermedad social 

La charla con Jorge Garaventa se realizó el mismo día de la muerte de Omar Chabán, por lo que se le consultó al psicólogo y psicoanalista, vecino de Cromañón que acompaña a familiares, sus primeras sensaciones tras conocer esta información: “primero, a mí no me puso ni contento, ni triste, lo que me pasó es que apenas se muere Chabán me empezaron a llenar el celular de mensajes para avisarme, entonces yo pensaba que no se había llenado el celular de mensajes cuando murió Mariana Márquez, que fue la primera madre que murió, ni cuando murieron las dos mamás en los días de las marchas, ni se llenó el celular por los cien padres y madres muertos, o por los abuelos, o los sobrevivientes suicidados, por aquellos que deambulan sin destino porque en realidad son como bombas de tiempo portando la crisis no resuelta de haber estado al borde de la muerte, de haber visto morir a sus amigos... entonces yo digo que la muerte de Chabán puede conmover como conmueve la muerte de cualquier ser humano y punto, pero después lo cierto es que Chabán pudo despedirse de sus familiares, no sufrió ahogos, no murió apilado en un estacionamiento ni en la vejación de una morgue... entonces lo que yo digo es que para mí más allá de que pueda lamentarlo por sus familiares; en realidad sigue siendo de cualquier manera un paradigma de la enfermedad social, sigue siendo un representante de aquellos de los que se ufanaban con esta cuestión de lo cotidiano corrupto, la cosa del reviente, la cuestión de las coimas, la corrupción empresaria, en definitiva creo que Chabán era eso y no hay demasiadas razones para que deje de serlo porque se haya muerto”.
Para Garaventa, lo sucedido en Cromañón fue de alguna manera una síntesis de la corrupción política, empresaria y cultural: “creo que eso fue lo que completó todo el panorama nefasto de aquel momento. Insisto, a mí no me alegra la muerte de nadie, alguna gente hoy estaba contenta, otros conmovidos, y también es cierto que la muerte de Chabán en relación a los familiares va a traer algunas secuelas en el sentido de que cuando pasan, este tipo de cosas conmueven, reviven y dejan a la persona de nuevo en la soledad frente a su propio duelo. Esta cosa de luchar para que se lo condene a Chabán, a Callejeros, para destituir a (Aníbal) Ibarra, son de alguna manera actitudes, luchas que arman como una columna vertebral paralela, cuando eso se cae porque alguna de esas luchas termina, bueno, ahí aparece una cuestión a la que hay que estar atentos, esto lo planteo como psicólogo además”.

Las víctimas, los victimarios y la muerte que puede invertir los roles

Hacia el final de la entrevista, Alfredo Grande reflexionó acerca de que existe un nexo entre ambos temas, la muerte de Chaban y el abuso sexual infantil, que el propio Garaventa ha trabajado, que es el hecho que la víctima termine siendo victimario: “creo que hay una lectura que se va a imponer: que Omar Chabán, uno de los victimarios de la masacre de Cromañón, muere en las condiciones en que murió, de cáncer, preso, internado, y ahí pasa a ser una víctima él, como que la muerte transforma al victimario en víctima, y la muerte transforma a la víctima en victimario, por lo tanto hay una lectura que seguramente va a surgir en algún momento, y habrá que estar atentos, que no es que Chaban murió, sino que también fue asesinado, como una nueva víctima. Y creo que esto pasa también con las víctimas del abuso sexual infantil. En el artículo de Laura Gutman aparecería el niño abusado como victimario del adulto que en un acto de amor quiere frotarlo, acercarse”, dijo Grande.
Jorge Garaventa coincidió con las palabras de Alfredo Grande. No es casualidad, ambos han transitado el mismo camino tanto en la militancia contra el abuso sexual infantil como en el acompañamiento de los familiares y sobrevivientes de la masacre de Cromañón.

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