15 nov 2020



María Rufina Gaston y Paula Analía Ramírez declararon por la desaparición de Aldo Omar Ramírez, detenido-desaparecido el 1 de septiembre de 1977. Rufina fue compañera de Ramírez y Paula la hija de la pareja. “El Gordo la Fabiana”, como se lo conocía en la militancia, fue visto en Campo de Mayo por Cacho Scarpati. (Por La Retaguardia)

✍️ Texto y cobertura del juicio: Diego Adur
💻 Edición: Pedro Ramírez Otero  
🖍️ Ilustración: Paula Doberti/Eugenia Bekeris (Dibujos Urgentes)


En la audiencia del 28 de octubre, Rufina hizo una extensa y detallada declaración acerca de su militancia junto a Aldo Ramírez, la creación de la Agrupación Alessia, que abarcaba a casi todos los trabajadores y trabajadoras de Astilleros de Argentina e incluso gente de Uruguay, y relató las distintas caídas que se produjeron en el Astillero Astarsa, donde trabajaba Ramírez.

La testigo contó que Aldo “fue uno de los cóndores que fue a Malvinas”. A los 18 años, en 1966, junto a otros compañeros plantó una bandera argentina en las Islas Malvinas. “Fueron a reclamar y proclamar la soberanía nuestra de las islas”, relató después su hija, en la audiencia del 4 de noviembre. Por ese hecho estuvo detenido en Ushuaia. Durante su estadía en prisión “fue adquiriendo experiencia de personas con larga trayectoria en la militancia peronista”, contó Rufina, quien conoció a Aldo en la fiesta de bienvenida que le hicieron sus compañeros al retorno al continente. Paula describió a su papá como una persona que “disfrutaba escuchar de política”.

En 1971, comenzó a trabajar en el Astillero Astarsa, gracias a la recomendación de su hermano mayor que estaba empleado allí. Tras la muerte de un compañero en un accidente durante la construcción de un barco, Aldo y otras personas “tomaron la fábrica en reclamo de mejoras para sus trabajadores y mayor seguridad”, indicó Paula.

El 16 de noviembre de 1974 irrumpieron en la casa familiar de Aldo, amedrentaron a su mamá, a su papá e incluso a Paula, quien era apenas un bebé y la pusieron en la mesa para amenazar a su abuela y a su abuelo. Ramírez pudo escapar. Saltó la medianera y se ocultó en lo de su vecina.

La Agrupación Alessia, que conformó Aldo junto a otros compañeros y compañeras abarcaba muchos otros astilleros. De allí, secuestraron a decenas de trabajadores y trabajadoras.

El 5 de noviembre del 75 fue secuestrado a la salida del Astillero: “Lo interceptó un coche antes de llegar a la estación Carupá”, contó Rufina. Fue duramente torturado, pero salió con vida. Paula dijo que de todos los compañeros que secuestraron en aquella oportunidad con el que más tiempo estuvieron en la sesión de tortura fue con su papá. Lo liberaron a los dos días. Se fue a lo de su hermana, que era enfermera: “No quiso volver a la casa donde vivíamos porque no quería que mi mamá y yo lo viéramos en ese estado”, explicó su hija y contó que él decía que “esa vez había podido aguantar, pero otra vez no iba a ser posible”.


A partir de ahí, comenzó la clandestinidad de Aldo y Rufina. El 24 de marzo de 1976, tras el golpe de Estado, secuestraron a compañeros del Astillero. Aldo no estaba trabajando, “estaba con licencia porque cuando fue secuestrado había sufrido torturas y no había quedado bien del corazón”, contó Rufina.

La situación era cada vez más complicada para Aldo y para Rufina. A fines del 76, de común acuerdo, decidieron separarse y comenzar a vivir en distintos lugares. Buscaban proteger a su hija y se encontraban esporádicamente para que Ramírez pudiera pasar tiempo con ella. 

Rufina y Paula continuaron su clandestinidad. Vivieron de casa en casa, sin pasar demasiado tiempo en ninguna como para sentirlas un hogar. Un día, a uno de esos lugares donde ellas se refugiaban del Terrorismo de Estado, llegó Armando, alias “Tito”, un compañero que había sido asignado para protegerlas: “Estaba lastimado, le sangraba el pie. Gritaba que nos teníamos que ir. Salimos corriendo de esa casa. Era un lugar de casa quintas. Tuvimos que pasar como por un alambre. Nos teníamos que esconder de las luces, tirándonos al pasto. Llegamos a un lugar donde Armando paró un colectivo y subimos. Fuimos a la casa de un amigo de él. Lo curaron. Ese día, el 5 de julio del 77, fue el día del secuestro de mi tía Silvia, Alicia Delaporte”, relató Paula. "La gorda Silvia", como la conocían en la militancia, en ese entonces era pareja de Aldo. Fue detenida durante el mismo operativo que lastimaron a Armando. Iban a encontrarse en una pizzería, en Munro, cuando fueron descubiertos. “Tito” pudo escapar, pero a Alicia le dispararon en la mano y la secuestraron.  Como estaba mal herida, la llevaron a un hospital de Vicente López para que la atendieran: “El médico que le dio primeros auxilios queda muy shockeado porque ella le pidió que por favor la mate, que no permita que se la lleven de ahí con vida”. Tiempo después, ese médico, a través de recordatorios que salieron en los diarios, logró reconocer al hombre que llevó a Alicia Delaporte hasta allí como Carlos Francisco Villanova, alias “Gordo Uno”, imputado en esta causa, quien ya ha sido nombrado en este juicio por otra testigo.

La última vez que Rufina y Paula vieron a Aldo fue el 26 de agosto del 1977. Se encontraron con la excusa de un cumpleaños de un tío: “Ahí me dijo que se iba a alejar de Buenos Aires. Por seguridad no me dijo a dónde”, relató la testigo Gaston. Paula se quedó con ganas de más: "Pude ver a mi papá durante unos minutos, se pasó muy rápido. Estaba apurado. Fue la última vez que lo vi”, contó.

En aquella ocasión, la familia acordó que a las siguientes reuniones Aldo iría acompañado por Armando, quien vivía con Rufina, pero a las citas pactadas después de ese 26 de agosto Ramírez no asistió. “Eso nos indicaba que le había pasado algo”, contó Rufina. Efectivamente, Aldo Ramírez fue secuestrado el 1 de septiembre de 1977. Ese mismo día, había estado en casa de sus padres: “Mi abuelo me contó que el 1 de septiembre del 77 pasó por la casa de ellos. Estaba desarreglado. Lo vio desprolijo. Mi papá le dijo que estaba muy cansado. Necesitaba bañarse y dormir un rato. No lo iba a comprometer. Se iba a ir luego de eso”, declaró Paula.

Ninguno de los contactos que Rufina tenía supo nada más de Aldo. Ella denunció la desaparición de su exmarido ante la Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) porque sus padres no lo habían hecho. También debió separarse de su hija: “Por una cuestión de seguridad, mi mamá decidió que vaya a vivir a casa de mis abuelos paternos. Tenía que ir de noche, escondida en el auto de mi tía o de mi tío. Ese tiempo fue difícil. No la sentía mi casa. De mi papá no se hablaba”, relató.

Un día, ya en 1978, mientras Rufina hacía las compras en José C. Paz se encontró con la hermana más chica de Aldo, Delia. Días después, se reunieron y Delia le comentó que a su suegra, María de Negri, “le dejaron una nota que decía que Aldo había caído en un enfrentamiento en Panamericana y Pelliza”. De su tía, Paula aportó: “Ella adoraba a mi papá”.

Años después, cuando Rufina fue a declarar a Italia por la desaparición de Aldo, escuchó el testimonio de Cacho Scarpati. Allí nombró a “El Gordo la Fabiana”. Lo conocía de su militancia en La Plata. Dijo que lo habían llevado a Campo de Mayo y lo habían tirado en un galpón, gravemente herido. La testigo supone que Aldo falleció momentos después. Tenía 28 años. Paula también contó su encuentro con el sobreviviente de Campo de Mayo: “Un día, en un acto en HIJOS (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) se me acercó Scarpati. Yo estaba con una foto de mi papá. Emocionado, me abrazó y se puso a llorar. Yo no sabía quién era. Me lo dijo una compañera después, ‘ese es el loco Scarpati, el que reconoció a tu papa’. Yo me quedé helada”, confesó. Además, dedujo también que fue Alicia Delaporte quien identificó a su papá en Campo de Mayo: “En El Campito hubo una mujer, herida en la mano, que tuvo que reconocerlo. Yo asocio a esa mujer con mi ‘tía Silvia’. No supimos más de ella”, agregó. 

Antes de concluir su testimonio, Rufina contó que no recuperaron nunca el cuerpo de Aldo y no ha podido hacer su duelo. Pidió justicia y exigió saber dónde está el padre de su hija: “Hemos tardado tanto tiempo que muchos de los testigos se han muerto por el camino. Eso es lo que más lamento. Nosotros buscamos a nuestros compañeros para pedir justicia. Yo pido justicia para mis compañeros y pido justicia para Aldo.  Así como los genocidas piden ir a sus casas porque son personas mayores, yo también soy una persona mayor y quiero saber dónde están los huesos de Aldo Ramírez”, finalizó.

Paula Ramírez, por su parte, reivindicó los ideales de toda una generación y también hizo fuerte su pedido de justicia: “Mi padre y tantos otros compañeros soñaron con un país mejor, un país más justo, más equitativo para todos. No tiene que ser un sueño o una utopía. Puede llegar a ser una realidad. Para eso, la única forma es sobre las bases de un país justo. Que se haga justicia”, concluyó.

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