29 mar. 2017


Gabriela Durruty, abogada querellante en los juicios a los genocidas en Rosario, y Lucas Bilbao, coautor del libro Profeta del Genocidio, una investigación sobre los diarios de Bonamín, hablaron sobre Eugenio Segundo Zitelli y un juicio que se vuelve a postergar. Domiciliaria en la sede de una iglesia. El carácter coorporativo de la Iglesia Católica Argentina durante el Terrorismo de Estado. Fue durante una emisión de Oral Y Público. (Por Paulo Giacobbe para La Retaguardia)


El juicio a Eugenio Segundo Zitelli se postergó para junio. Debería haber comenzado el pasado 16 de marzo, pero no. Pasó para junio. En estos rodeos que pega la justicia se explica porque Christian Von Wernich es el único integrante de la Iglesia Católica Argentina preso por delitos de lesa humanidad cometidos en el marco de un genocidio. No es un cura que actuó por fuera de la institución. Un cura loco, que hizo la suya. No. Un sólo cura preso es una clara muestra de impunidad. ¿O acaso no sabemos que fue una dictadura cívico militar eclesiástica? ¿O acaso desconocemos que en sus archivos tienen información sobre los nietos que falta recuperar?
Gabriela Durruty es abogada querellante en juicios por el accionar del Terrorismo de Estado en Rosario, representa a sobrevivientes y a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y dice que han establecido que Eugenio Segundo Zitelli fue capellán de la “policía de Feced, un gendarme que intervino la policía de Rosario, famoso por su ferocidad, al punto tal que la megacausa que investiga las responsabilidades del genocidio en Rosario se sigue llamando Feced, aun posteriormente a su fallecimiento. Este año se va a iniciar la tercera elevación a juicio oral a esa causa, que va a contar entre los imputados al ex capellán Eugenio Segundo Zitelli, quien en su doble carácter de sacerdote y capellán de la policía, participó activamente como integrante de la patota, de la policía, lo cual no le impidió también participar en algunas de las actividades de la patota del ejército. Hemos solicitado su indagatoria en otra causa que investiga el accionar del ejército en Rosario y en el circuito de quintas que mantenían en la región, aunque aún no hemos tenido éxito en este sentido, lo cual es entendible solamente por una decisión de carácter político e ideológico”.
Santiago Mac Guire, un ex cura tercermundista que falleció en 2001, fue secuestrado en abril de 1978 y denunció que lo trasladaron a la Quinta de Funes y a un predio propiedad de la Iglesia llamado Ceferino Namuncurá, que perteneció a los Salesianos. Además existe material fílmico donde Mac Guire acusa a Eugenio Zitelli. Cuando lo blanquean y le quitan las vendas, quien lo recibe junto al director de la cárcel de Coronda, Adolfo Kusidonchi, es Zitelli. “Eran dos pares. Fumando, tomando café los dos”, dijo Santiago Mac Guire.
Gabriela Durruty repasó la lucha que llevaron adelante en busca de justicia. Desde hace siete años en los tribunales, pero en la calle desde el primer día, incluso durante la dictadura: “Dado que numerosos integrantes de la Iglesia que eran víctimas de la represión, apenas les era posible, apenas comenzaban su camino por las cárceles dictatoriales, enviaban cartas a la sede del arzobispado de Rosario, denunciando la participación activa de este personaje, que contó con la protección de la Iglesia Católica, que le dio el trato de monseñor aun sin haber sido obispo, cargo que mantiene hasta hoy”.
A la fecha, momento en que tendría que haber empezado el juicio, Eugenio Segundo Zitelli, “tecnicamente esta excarcelado. Establecieron una serie importante de reglas de sujeción, como ser presentarse ante el tribunal y la comisaría del barrio en varias ocasiones durante el mes, pedir autorización para retirarse del domicilio por más de 12hs, y sólo puede hacerlo por cuestiones laborales, tuvo que entregar su pasaporte, pero técnicamente está excarcelado” dice Gabriela y amplía con un dato no menor, “el domicilio lo fijó en una sede de la Iglesia”.
Gabriela Durruty dijo durante la entrevista con Oral y Público que el juez que instruye las causas de Derechos Humanos en Rosario, Marcelo Bailaque, ordenó en dos oportunidades al Arzobispado que entregara todos los archivos que tuvieran. “Y si bien lo hicieron, lo que pudimos fue comprobar la existencia de los archivos pero no ir más allá, porque habían hecho una selección muy cuidadosa de los documentos que iban a entregar. Por la forma que están organizados pudimos ver que eran parte de un archivo claramente mayor. Lo que han dado son básicamente los documentos provenientes de los compañeros y sus familias y en ningún caso la respuesta de la Iglesia, si es que la hubo, o que hicieron con esos pedidos en todo el entramado interno de la jerarquía eclesiástica”.

Paraguas ideológico

Lucas Bilbao, junto a Ariel Lede, es autor del libro Profeta del Genocidio, una investigación sobre el Vicariato Castrense y los diarios del provicario Victorio Manuel Bonamín, y define a Eugenio Segundo Zitelli como un personaje siniestro, “muy ligado a las jerarquías de las fuerzas policiales. A partir de la investigación que hemos realizado, trabajando sobre el accionar del obispado castrense en tiempos del Terrorismo de Estado, lo que nosotros decimos es que estos capellanes fueron un engranaje clave dentro de la metodología represiva. Su función era mantener en alto la moral de la tropa, de las fuerzas de seguridad, de las fuerzas armadas, y estar atentos a esos problemas de conciencia que aquejaban a muchos oficiales y soldados a partir de la implementación de la metodología represiva, entonces una de las soluciones a estos problemas de conciencia debía venir por la vía pastoral o por la vía espiritual. Ahí estaban estos capellanes dando su aliento o solucionando estos problemas de orden moral en la conciencia de los represores. Al mismo tiempo estos capellanes participaron, con ese manto religioso, sobre los detenidos. Pensemos, y lo sabemos por el testimonio de las víctimas, que tener la palabra, la figura de un sacerdote al lado, sobre todo en los momentos de quiebre, podía significar en términos simbólicos, en términos materiales incluso, mucho para cualquier persona, para cualquier víctima. Más en momentos de quiebre. Ahí estaba la palabra del capellán, generalmente el capellán no estaba para trabajar espiritualmente por la víctima, sino que cumplía la función de delación o colaborar para la autodelación de los detenidos”.
En su investigación, Ariel Lede y Lucas Bilbao descubrieron que alrededor de 110 capellanes tuvieron jurisdicción sobre centros clandestinos de tortura y exterminio, pero “los sacerdotes católicos representan menos del 1% de los condenados e imputados y solamente 12 clérigos han estado involucrados en resoluciones judiciales” detalla Lucas,“por eso decimos que juzgar alos capellanes y juzgar la participación de la Iglesia Católica es una carrera contra el tiempo que, evidentemente, nadie está queriendo dar, comenzando por el poder judicial”.
Christian Von Wernich es el único condenado. El fallecido cura Aldo Vara murió impune, escondido en una iglesia de Paraguay. Cobraba el sueldo que el Arzobispado de Bahía Blanca le depositaba mientras negaban su paradero, decían no saber donde estaba pero depositaban mes a mes. Emblemático caso de encubrimiento. Pero existe otro caso, emblemático también: Emilio Graselli. El cura que recibía a los familiares en la Iglesia Stella Maris en Retiro y armaba listas. Pedía datos para su fichero. Hacía ir a los familiares un día y otro y otro, para recabar información. Ahí le dijo a Chicha Mariani que su nieta, Clara Anahí, estaba con gente muy poderosa y era imposible sacarla, que ya era tarde. Chicha no tiene dudas, Graselli sabe con qué familia esta su nieta. Pero además, ese lugar mismo es donde Azucena Villaflor se harta y dice que tienen que ir a la Plaza de Mayo a reclamar. En esa iglesia, con ese cura genocida, apropiador, es que nacen las Madres. Porque después de darse cuenta del rol que cumplía Emilio Graselli es que empiezan a juntarse en la Plaza. Solo 2 casos, hay otros, por lo menos son 110.
En el sitio Profeta del Genocidio se puede conocer el prontuario de 35 clérigos que pertenecieron al Vicariato Castrense.
Por eso Lucas Bilbao sostiene: “Desde el regreso de la democracia hasta el día de hoy se ha minimizado el carácter corporativo que tuvo la Iglesia Católica durante el Terrorismo de Estado, entonces se han enfocado los casos individuales, como casos aislados. Lo que decimos y hemos probado con la investigación es que ya no se puede seguir sosteniendo la cuestión individual de tal o cual capellán, hay que mirar el carácter corporativo que tiene la institución y como funciona como un paraguas ideológico para las fuerzas armadas en las cuales se sostiene a partir de eso. Hay que apuntar al carácter corporativo en las pocas causas en las que hay capellanes involucrados, fue la institución, fueron los obispos cediendo a los curas para que trabajen pastoralmente con las fuerzas armadas, fueron estos curas quienes respaldados en un dogma, en un conjunto de creencias, en un conjunto institucional, llevan esta palabra respaldados en una institución. No es un capellán suelto que dice tres cosas en nombre propio”.


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